1 nov 2009

Fútbol 3D en una sala de cine. Se emite el primer partido de fútbol 3D en México


Los derechos del fútbol han sido una de las grandes guerras de los últimos años. Y resulta que con esas batallas no sólo se ha decidido en qué canal o en qué plataforma podríamos ver los partidos, sino muchas otras cosas, por ejemplo el hecho de que a partir del año que viene se puedan ver partidos de liga en cines.

El proyecto de la productora española Mediapro comenzará la temporada que viene y consistirá precisamente en eso, en proyectar un partido de liga en cines con calidad HD y sonido Dolby Surround.

El caso es que cuando esto todavía no ha llegado a nuestro país, en otras partes ya se dan pasos para ir más allá. El último ha sido en México, donde han emitido un partido de fútbol de la liga mexicana en cines, pero con tecnología 3D. Sí, habéis leído bien, en tres dimensiones.

El partido entre el América y el Guadalajara se emitió en tres dimensiones como una experiencia piloto que parece que se extenderá a más encuentros la temporada que viene. A partir de ahora habrá que añadir las gafas de tres dimensiones a la bufanda y la camiseta del equipo de cada uno.

Es la primera vez que se emite un partido de fútbol en tres dimensiones en el mundo. Hasta ahora, las tres dimensiones eran únicamente para animación, pero cada vez más saltan más a producciones más realistas. Recientemente, la CNN probó este formato en la campaña presidencial que ganó Barack Obama.

La experiencia ha sido un éxito, de hecho, algunos de los afortunados que lo presenciaron reconocieron que había veces que el balón parecía ir a darles, y se va a extender a otros eventos deportivos en México y puede que en otras partes. De momento, la final de copa mexicana, parece que será así.

Aquí, de momento, habrá que ir poco a poco, el año que viene será normal ir al cine a ver un partido, habrá que ver cuánto se tarda en ir a verlo en tres dimensiones.




El SMOS, el satélite que vigilará el agua


Durante la próxima madrugada, a las 2.20 horas de la mañana, la Agencia Espacial Europea (ESA) pondrá en órbita el primer satélite capaz de medir la salinidad de los mares y la humedad de la tierra desde el exterior del planeta y, también por primera vez, los investigadores y la industria española tienen el papel protagonista para que la misión haya sido posible.

Con un objetivo claramente medioambiental, el satélite SMOS (Sol Moisture y Ocean Salinity, en inglés) ya está preparado en su plataforma de lanzamiento en el cosmódromo de Plesetsk (al norte de Rusia) a bordo de un cohete Rockot, que comparte con otro satélite experimental, el Proba-2.

Su misión: vigilar los niveles de sal en los océanos y el grado de agua que retiene la superficie terrestre para tener mejores modelos de predicción del cambio climático, además de entender mejor el ciclo del agua y anunciar catástrofes , como El Niño, con suficiente antelación para avisar a los posibles afectados.

El director general de la ESA, Jean-Jacques Dordain, durante una visita a su sede en España (ESAC), en Villafranca (Madrid), destacaba la complejidad del instrumento del SMOS, con el que se "liderará la recogida de datos acerca del cambio climático", y la participación tecnológica española "que es la más importante del satélite".

Hasta ahora, sólo se podían tener medidas superficiales y parciales de los dos parámetros que va a controlar el SMOS. Fue hace 16 años cuando los investigadores europeos comenzaron a pensar que no eran suficientes y que se podían utilizar interferómetros, como los que se utilizan en radioastronomía, para captar las frecuencias que emite la Tierra y que contienen información sobre el ciclo del agua.

Durante muchos años, el proyecto sufrió altibajos, hasta que se aprobó en 1999. El reto tecnológico era conseguir captar esas frecuencias sin necesidad de una gran antena, una solución que fue aportada por la empresa española EADS/CASA con el instrumento MIRAS: un total de 69 pequeñas antenas receptoras distribuidas en tres brazos que se desplegarán una vez que el satélite esté en su órbita, a 758 kilómetros de la Tierra. Su diámetro abarcará los ocho metros.


Ecuación 'Corbella'

Sin embargo, las primeras pruebas no funcionaron. Todos los sensores daban cero en sus mediciones. Tuvo que ser otro investigador español, Ignasi Corbella (de la Universidad Politécnica de Cataluña), quien encontró la ecuación matemática que permitió calibrar el instrumento. "Él nos dio la solución y ahora tenemos un instrumento que permitirá tener mapas globales de humedad y salinidad", asegura el ingeniero de la ESA Manuel Martín-Neira.

Pero la aportación española al SMOS, que supone un tercio de los 300 millones de euros de su coste, no es sólo económica o industrial, sino también abarca su parte científica. Jordi Font, del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (CSIC) es el director del análisis de los datos sobre salinidad. El francés Yann Kerr, cuyo país ha aportado el soporte en el que se instala el MIRAS, se encargará de las investigaciones sobre la humedad.

Además, en el Centro de Operaciones de la ESA en Villafranca se recogerán los datos que envíe el satélite durante sus tres próximos años de vida útil (como mínimo) junto con los que llegan a otras estaciones espaciales terrestres, para reprocesarlos y reenviarlos a las instituciones de investigación.


Hito tecnológico español

El sector espacial español vive el lanzamiento del satélite SMOS como un acontecimiento. "Es la primera misión espacial europea que lidera España y en la que su aportación es la más innovadora. Y es la primera vez que España desarrolla el instrumento principal de un satélite", destacaba en la sede de la ESAC, en Villafranca (Madrid), Jorge Lomba, responsable de los programas de la ESA en el CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial).

En total han sido 11 empresas las que, de un modo u otro, han participado en un proyecto que, según Teresa Santero, directora general de Industria, va a ser fundamental "en el análisis del cambio climático global" y que pone de manifiesto que "la colaboración de España con otros países es muy fructífera" en este sector.

Así lo corroboraron los representantes de las empresas. El presidente de Proespacio, Gonzalo Galipienso, recordó que 11 compañías españolas están detrás de los ojos (en forma de antenas), de los equipos de comunicaciones, de algunos mecanismos y de la compatibilidad electromagnética del SMOS. Y también están detrás de la creación del centro en el que se procesarán los datos de la misión. En total, 65 millones de euros de los casi 100 millones que ha aportado España al proyecto.

De todo ello, lo más pionero es el instrumento MIRAS, un radiómetro de microondas que captará, cada tres dias, una frecuencia de 1,4 gigaherzios que emite la Tierra y proporciona información sobre salinidad oceánica y humedad terrestre de una precisión asombrosa: detecta 0,1 gramos de sal en un litro de agua y hasta una cucharada de agua mezclada con un puñado de tierra. Es el primer artefacto de este tipo jamás puesto en el espacio y ha sido liderado por un consorcio que dirige EAD/CASA.

Bastarán cuatro minutos, tras su puesta en órbita, para comprobar si todo ha salido como está previsto y los tres brazos se despliegan, como lo hicieron en las pruebas realizadas en tierra.

Tras este hito tecnológico, España se prepara para nuevos retos espaciales, entre los que el director general de la ESA, Jean-Jacques Dordain, mencionó el futuro lanzamiento del satélite Ingenio, también destinado a la observación de la Tierra. "La contribución de España a la Agencia Espacial Europea ha mejorado mucho en los últimos años y ahora la ESA también es más visible en España, lo que es muy importante", aseguró el responsable europeo.






Tecnología 'made in Spain' para guiar a perros de rescate por satélite


El físico español José Caro Ramón ha sido galardonado con el premio Galileo Master 2009 por el desarrollo de un sistema la navegación por satélite para aumentar la efectividad de los perros de rescate en la búsqueda de víctimas de desastres naturales.

El Galileo Master es el galardón más importante concedido en la Competición Europea de Navegación por Satélite e incluye una recompensa en metálico de 20.000 euros y la posibilidad de realizar un prototipo para desarrollar el sistema a nivel comercial en seis meses.

El objetivo del concurso es promover la creación de nuevas aplicaciones innovadoras, orientadas a mejorar la calidad de vida de las personas, empleando el sistema de posicionamiento global por satélite Galileo.

Este año se han presentado cerca de 300 proyectos de diferente naturaleza representando a 30 países de todos los continentes. El pasado mes de septiembre fueron valoradas en Stevenage (Reino Unido) por un comité internacional de 150 expertos de la industria, que valoraron y reconocieron las soluciones innovadoras en los ámbitos de la salud y medicina, el transporte, el ahorro de energía, la logística y la seguridad, entre otros.

El dispositivo desarrollado por José Caro Ramón, llamado Osmógrafo, es una herramienta para asistir a búsquedas y rescates caninos. El seguimiento de los perros vía receptores de navegación por satélite con este aparato revela áreas que aún no han sido registradas, aumentando las probabilidades de hallar víctimas.

"El Osmógrafo elabora un mapa de la zona cubierta por el fino sentido del olfato de los perros, basado en su localización, capacidad olfativa y condición del viento", explica el inventor. "En un momento dado el coordinador de rescate tiene que decidir si la búsqueda del perro se ha completado y comenzar con la maquinaria pesada. Esa es una decisión crítica con vidas humanas en peligro".

De momento, Caro Ramón utiliza el GPS del EGNOS, el Sistema Europeo de Navegación Geoestacionaria pero en el futuro espera utilizar el Sistema Galileo.





AIDA quiere ser tu copiloto, que tiemble Alonso


Affective Intelligent Driving Agent, AIDA para los amigos, es la última idea que nos llega desde las mentes de la gente del MIT. Su propósito es que sirva de enlace entre el conductor, el coche y lo que hay afuera. Para ello cuenta con sensores en el exterior del coche y en su propio cuerpo.

AIDA va montada en el salpicadero del automóvil, y se encarga de evaluar el estado del tráfico y la situación de los otros coches y a partir de esos datos, hacernos recomendaciones. La diferencia con un navegador GPS u ordenador de a bordo es que AIDA incorpora aspectos sociales, pudiendo parpadear, sonreír o mostrar en su rostro señales de alerta.

AIDA se encarga pues de hacer más amigable la recepción de información durante la conducción, lo cual será muy habitual dentro de no mucho y los fabricantes andan detrás de la mejor forma de comunicarse con el conductor. ¿Con quién discutiremos ahora?




Un café despierta el espíritu científico


Un ciclo de tertulias puesto en marcha en Galicia traslada la ciencia de las universidades a los bares.

Un día cualquiera uno baja al bar de toda la vida, donde están los de siempre, y se encuentra con que todo ha cambiado. Primero se acercan unos científicos, que ofrecen vales por una consumición gratuita. Después un comediante corta todas las conversaciones del bar con un monólogo surrealista sobre la importancia de las matemáticas en la vida cotidiana. Finalmente la parroquia del local acaba enzarzada en un debate con los científicos sobre cómo los fríos números de las estadísticas pueden llegar a condicionar las emociones.

Sucedió el pasado jueves en Vilagarcía de Arousa (Pontevedra), donde la tertulia Cerebro y matemáticas cerró un ciclo de cafés científicos cuyo objetivo es explorar nuevas fórmulas para acercar este tipo de conocimiento a la sociedad. El comediante y maestro de ceremonias de la actividad era el actor Cesar Goldi, y los dos científicos, Elena Vázquez, matemática de la Universidad de Santiago de Compostela, y Casto Rivadulla, neurofisiólogo y uno de los promotores de este nuevo género divulgativo.

En 2006 los investigadores del grupo NEUROcom de la Universidad de A Coruña Casto Rivadulla y Xurxo Mariño pusieron en marcha esta iniciativa, una fusión de teatro, conferencia y debate. Sus cafés científicos han ido evolucionando desde sus orígenes y adquiriendo una personalidad propia e innovadora, bastante alejada del modelo clásico.

En los países anglosajones son habituales las reuniones de científicos en los pub, donde comparten conocimientos entre sí y, de algún modo, con quien les quiera escuchar. "Las principales diferencias de nuestros cafés científicos es que contamos con un actor y con nuestro espíritu de emboscada explica Xurxo Mariño. En lugar de pedirle a la gente que venga a vernos, vamos nosotros a un bar popular y céntrico, donde siempre hay gente".

Mariño y Rivadulla llevan tres años experimentando y puliendo su nueva fórmula divulgativa en pequeñas y medianas localidades gallegas, apartadas de los grandes circuitos culturales. Ahora tienen un formato estable, una hora y media de tertulia abierta en la que caben molólogos humorístico-divulgativos, demostraciones y microcharlas sobre conceptos científicos y sus aplicaciones concretas.

Durante el pasado mes han llevado tres modelos de tertulias diferentes a cuatro poblaciones gallegas: Chantada, Arcade, Lalín y Vilagarcía. En el cierre de esta gira, que ha tenido lugar esta semana, las más de 70 personas que abarrotaban el local aprendieron para qué sirve la letra del DNI y lo fácil que es crear un truco de adivinación si se conoce la prueba del nueve y se tienen unas nociones básicas del funcionamiento de la memoria.


Trato personal

Elena Vázquez y Casto Rivadulla rompieron los esquemas del público al explicar, entre otros temas, que la línea recta no siempre es el camino más corto entre dos puntos y que, al contrario de lo que se suele decir, el saber sí ocupa lugar: las habilidades matemáticas están localizadas en una zona concreta del cerebro. "Tratamos de no presentarnos como gente intocable, con nuestros títulos y conocimientos", explica Xurxo Mariño. La cercanía de los científicos anima al público, que al principio plantea dudas, luego pretende abrir el café hacia otros temas que no están en el guión y al final se muestra escéptico y crítico ante lo que cuentan los expertos.

En el céntrico café de Vilagarcía, desde la barra del fondo, un cliente habitual espeta al neurocientífico cuando este comenta que el avión y el tren son más seguros que el coche teniendo en cuenta los cálculos de probabilidad de accidente: "Eso es una falsedad, no estás teniendo en cuenta todas las variables". Para Xurxo Mariño, esta aparente falta de respeto por la autoridad científica no se convierte en ningún problema sino todo lo contrario: "La ciencia es puro escepticismo. Un científico no es una persona con un título académico sino con una actitud escéptica ante el conocimiento". Muchos participantes en sus tertulias sólo pasaban por ahí, pero comprueban cómo un café cualquiera es capaz de despertar al científico que llevan dentro.





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