8 mar 2010

Delfines, los sapiens del mar


En la Tierra, el Hombre siempre había asumido que era la especie más inteligente sobre el planeta [...]. Las segundas criaturas más inteligentes eran, por supuesto, los delfines, que, curiosamente, sabían desde hacía tiempo de la inminente destrucción de la Tierra. Habían tratado en numerosas ocasiones de alertar del peligro a la humanidad, pero la mayoría de sus comunicaciones se malinterpretaban como graciosos intentos de rematar balones o silbar para pedir golosinas. Así que, finalmente, los delfines decidieron abandonar la Tierra por sus propios medios".

Con este sarcasmo sobre la torpeza humana describía la saga del Autoestopista Galáctico de Douglas Adams la relación entre hombres y delfines, animales que cobran un curioso protagonismo en la alocada obra de culto del británico. Esta noción de la avanzada inteligencia de los cetáceos casi ha sacralizado a estos mamíferos acuáticos: la cultura New Age no sería la misma sin discos compactos con imágenes de delfines saltando frente a una puesta de sol como antesala a un relajante magma musical salpicado con cantos de cetáceos. Como botón, una web que ofrece nadar con delfines en Hawai promete regalar una "más profunda conexión con el espíritu".

Y en el otro plato de la balanza, la especie que se relaja escuchando los silbidos del delfín es la misma que anualmente tiñe de rojo las aguas costeras en las islas Feroe o en Taiji (Japón) durante las tradicionales cacerías en las que se trincha a centenares de animales, y que han motivado encendidas campañas de protesta.

Estos resbalosos nadadores centraron varias de las presentaciones que la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), editora de la revista Science, acogió en su reunión anual celebrada la pasada semana en San Diego, California. Docenas de expertos se congregaron para poner al día el conocimiento del cerebro de los cetáceos y las nuevas y sorprendentes revelaciones acerca de estos animales.

La psicobióloga Lori Marino, de la Universidad Emory de Atlanta (EEUU), ha estudiado extensamente el cerebro del delfín, sobre todo del mular, el más común en los océanos y delfinarios. En 2001 describió en la revista PNAS que estos mamíferos se reconocen en un espejo y lo usan para inspeccionar su cuerpo, algo que se creía reservado a primates superiores y elefantes. En la AAAS, Marino defendió la tesis de que el cerebro del delfín supera al de los simios y sólo va a la zaga del humano. "Si usamos una medida de tamaño cerebral relativo llamada cociente de encefalización, los humanos son los primeros. Los delfines van justo detrás, claramente más encefalizados que otras especies", explica a este diario.


La lista de los más listos

Los argumentos de Marino tratan de tumbar otras opiniones sobre el puesto del delfín en la lista de éxitos de la inteligencia animal, donde frecuentemente se otorga la medalla de plata al chimpancé. Incluso criaturas tan poco plausibles como los cuervos demuestran una increíble habilidad para resolver problemas tales como acceder al alimento empleando utensilios. En los delfines se conoce el caso de animales en la costa australiana que se escudan el hocico con trozos de esponja cuando rebuscan comida en el fondo oceánico. Aportan también ejemplos contrastados de cultura, como el episodio de un ejemplar salvaje al que se le enseñó a caminar ayudándose de la cola mientras se le trataba de una enfermedad en un delfinario, y que al regresar al océano instruyó a otros congéneres para hacer lo mismo.

Según la investigadora, los datos neuroanatómicos son potentes: "El neocórtex (que media la inteligencia de orden superior) es muy complejo y diferenciado", apunta Marino, señalando que el desarrollo de sus circunvoluciones -que amplían la circuitería neuronal- casi supera al humano. La diferenciación celular, otro indicador de inteligencia, aúpa a los delfines a la altura de primates y elefantes, únicos grupos que comparten un tipo de neuronas especializadas llamadas de huso. Para Marino, "es un ejemplo asombroso de convergencia neuroanatómica entre cetáceos y primates", grupos que han llegado de modo independiente a la misma solución evolutiva tras separarse de su ancestro común, hace 95 millones de años.

Pero Marino prefiere rehuir el debate sobre las posiciones en el podio de los más listos: "La inteligencia es más que el tamaño cerebral, y espero que nos demos cuenta de que un simple ranking no refleja la complejidad de la cuestión". Y zanja: "Son sofisticados, conscientes de sí mismos, muy inteligentes y con personalidades individuales, autonomía y una vida interior". "Sufren física y psicológicamente al confinarlos en parques marinos", añade. Por si fuera poco, poseen un lenguaje complejo, urden redes sociales, piensan en el futuro y pueden desvincular la sexualidad de la reproducción, incluyendo prácticas homosexuales.

Las últimas novedades llegan en forma de datos que extienden las similitudes entre humano y delfín más allá del encéfalo.

En la reunión de la AAAS, el biólogo de la Universidad de Florida Hendrik Nollens hermanó a sapiens y cetáceos en un padecimiento común: el virus del papiloma, que en las mujeres puede detonar un cáncer de cuello uterino. "Los delfines son las únicas especies, aparte de nosotros, que pueden coinfectarse con varios tipos de papilomavirus en la mucosa genital", señala Nollens, añadiendo que en pacientes se han llegado a detectar infecciones múltiples de hasta ocho variantes distintas del centenar de tipos de papilomavirus humanos. Lo mismo ocurre en delfines, pero con una diferencia crucial: en las cetáceas se han observado verrugas genitales, pero nada de cáncer.


Epilepsia y diabetes

"¿Por qué la gente desarrolla la enfermedad y los delfines no?", se pregunta Nollens. En esa distinción puede yacer una esperanza de cura. Pero tal vez el investigador no gane las albricias: advierte de que estos virus pueden cruzar las fronteras entre especies y ecosistemas, algo de lo que, apunta, ya existen pruebas. "No podemos descartar que el próximo virus de alto riesgo, como el SARS o el del Nilo Occidental, venga del mar", alerta.

El papiloma no es la única dolencia en la que el delfín puede personificar el modelo humano. En la reunión de la AAAS, un panel de expertos de la Administración Oceánica de EEUU (NOAA) expuso el caso del ácido domoico, un compuesto de ciertas algas causante en los cetáceos de una epilepsia que aqueja también a las personas intoxicadas. Otro ejemplo es la diabetes. Los delfines adoptan un estado similar a esta enfermedad para sobrellevar su dieta, rica en proteínas y baja en azúcares. Por último, los delfines pueden ofrecernos un indicador de la salud de los océanos, sirviendo como "especie centinela" de la calidad de nuestro suministro de pescado, explica Carolyn Sotka, de la NOAA.

Ante la ancha vía que el delfín abre a la investigación en salud humana, cabe preguntarse si no será en detrimento del bienestar del propio cetáceo. Nollens aclara que sus estudios son puramente moleculares, analizando cadáveres varados y muestras tomadas de ejemplares en libertad sin provocarles daño. Estos y otros aspectos éticos merecieron una sesión en la AAAS en la que Thomas White, de la Universidad Loyola Marymount, pidió para los delfines el estatuto de "personas no humanas".

Tal vez excesivo, pero para Marino, "tenemos pruebas científicas suficientes para reexaminar nuestra postura ética hacia ellos". "Queremos llamar la atención sobre la inconsistencia entre lo que nos dice la ciencia y cómo los tratamos", concluye la científica. Un mal trato que los delfines de Adams en su Autoestopista resumían con una nihilista despedida a los humanos: "Hasta luego, y gracias por el pescado".





La Mars Express pasa más cerca que nunca de la enigmática luna de Marte


La misteriosa luna de Marte comienza a encontrar respuestas. La noche del martes, la Mars Express de la Agencia Espacial Europea (ESA) rozó su superficie. 67 kilómetros que separaron la nave de Fobos. Es lo más cerca que ha estado nunca un objeto creado por el hombre del satélite marciano.

Los datos recogidos no sólo arrojarán luz sobre el origen de Fobos, sino también de otras lunas de 'segunda generación'. Y de momento parece que algo no encaja. El satélite parecía un objeto sólido, pero los acercamientos a su superficie han mostrado que no es tan densa como se esperaba, sino que es porosa en un 25-35%.

Su peculiar composición ha llevado a los científicos planetarios a pensar en Fobos como poco más que una pila de escombros en órbita alrededor de Marte. Se trataría de bloques de diferentes tamaños que permanecen juntos, aunque con grandes espacios de separación.


Lunas de 'segunda generación'

El acercamiento del martes por la noche permitió recoger los datos más exactos hasta ahora sobre el campo gravitatorio de Fobos. Esa información dará lugar a los análisis, que comenzarán por una estimación de la variación de la densidad en diferentes puntos de la luna. Eso proporcionará a los científicos la clave de los vacíos internos de Fobos.

"Se trata probablemente de un objeto del Sistema Solar de segunda generación", ha explicado Martin Pätzold, de la Universidad de Colonia, Alemania, y principal investigador del experimento MaRS de la Mars Express. La segunda generación de materiales se unieron en la órbita de Marte después de haberse formado el planeta. Hay otras lunas alrededor de otros planetas, donde se cree que se han producido estos fenómentos, como Amaltea alrededor de Júpiter.

Sea cual sea el origen preciso, Fobos finalmente se deshará, en una órbita en espiral dirigida hacia Marte. "Se creó a partir de escombros y volverá a convertirse en escombros", dice Pätzold.




Exponen por primera vez el manuscrito de la teoría de la relatividad de Einstein


El manuscrito original en el que Einstein enunció con su letra apiñada y pequeña la teoría de la relatividad general en 1915 se muestra al público este domingo por vez primera en una exposición en Jerusalén.

En un cuarto pequeño y oscuro, acondicionado con estrictas medidas para la conservación del histórico documento, manos expertas colocaban cuidadosamente las 46 páginas en alemán que formulan la obra magna de Albert Einstein y que son "el manuscrito más importante de los archivos del científico", explicó el profesor Hanoch Gutfreund, comisario de la exposición.

Las hojas amarillentas y plagadas de fórmulas y tachones son "un descubrimiento inmenso que representa una de las más mayores revoluciones en la ciencia moderna y modificó por completo la comprensión newtoniana del universo", añade este profesor de Física Teórica, presidente del Comité Académico de los Archivos de Albert Einstein, que custodia la Universidad Hebrea de Jerusalén.


'Todo es válido y actual'

"A día de hoy, todo lo que predice y explica este documento es válido y actual", dice Gutfreund sobre las páginas que enuncian los principios fundamentales de la equivalencia, la covarianza generalizada y la curvatura del espacio-tiempo que, explica, "sentaron las bases para la cosmología y las ciencias que estudian el desarrollo del universo".

El texto del científico judeo-alemán, que describe el Big Bang y predice el descubrimiento de los agujeros negros, cambió por completo la forma de entender el espacio, el tiempo y la gravedad y está en la base de toda la investigación moderna y de la comprensión actual del universo.

La exposición, que se inaugurará esta tarde en la Academia de Ciencias y Humanidades de Israel, forma parte de los eventos para celebrar el cincuenta aniversario de ese centro.


'Una especie de Reina Sofía de Israel'

Menahem E. Yaari, presidente de la Academia, destaca que la sede de la institución se convertirá las próximas semanas, gracias a esta exposición, en "una especie de Reina Sofía de Israel".

Para Yaari, Einstein no fue sólo el fundador de la física moderna, en la que se basan las sofisticadas teorías espaciales de la actualidad, sino también "el líder de un grupo de científicos de países de habla alemana que tuvieron que huir del nazismo" y que sentaron las bases de lo que hoy es la esfera científica del Estado judío. Los manuscritos estarán expuestos hasta el próximo día 27, pero la sala que los guarda sólo se abrirá al público durante tres horas cada día.


Condiciones de conservación 'estrictas'

La conservadora Timna Elper, de origen español, dijo que se han exigido unas condiciones "muy estrictas" para garantizar que los manuscritos no sufran daño alguno.

"La habitación se mantiene con una temperatura estable de 18 grados, una humedad de 50 y también limitamos la luz de la sala: no hay luz ultravioleta y mantenemos constantes 50 lux", explica la conservadora y restauradora de papel, que describe trabajar con este documento como algo "muy emocionante".

El profesor Gutfreund también destaca la emoción de "ver los textos originales, la tinta con la que los escribió e imaginarle trabajando", algo que "llena de satisfacción, ya que es como estar mirando por encima de su hombro mientras trabaja".

Además, añade, "ver sus correcciones y ecuaciones, lo que borra y lo que añade, muestra las ideas básicas de Einstein, los obstáculos a los que se enfrentó y la trascendencia de lo que puede ser considerado como el gran logro intelectual producido por el cerebro de un ser humano".




Una 'isla' de estrellas en la constelación de Orión


La constelación de Orión, de sobra conocida por cualquier astrónomo, ha sorprendido a expertos y profanos con un tesoro secreto en una de sus zonas menos estudiadas. Pocos habían oído hablar de la nebulosa NGC 1788 antes de las imágenes que este miércoles difunde el Observatorio Europeo Austral desde La Silla, Chile.

Se trata de una nebulosa refractaria, compuesta de polvo y gases que dispersan la luz de un pequeño grupo de estrellas jóvenes, de forma que su brillo tenue presenta la forma de un gigantesco murciélago que bate sus alas a pocos grados del cinturón del cazador.

Aunque en un principio pudiera parecer una niebla aislada, un estudio más exhaustivo ha revelado que algunos de los enormes y brillantes astros pertenecientes a las vastas agrupaciones estelares de Orión han tenido un papel decisivo en la morfología de la NGC 1788, y han estimulado el nacimiento de los cuerpos celestes que la conforman. También son responsables, con la expulsión de hidrógeno en las zonas de la nebulosa más cercanas a la constelación, del característico anillo rojo que la envuelve, de forma casi vertical.


Estrellas de un millón de años

Todas las estrellas de esta región son extremadamente jóvenes. Tienen una edad media de un millón de años, una nimiedad al lado de los 4.500 millones de años que suma el sol.

Tras un análisis en detalle, los astrónomos han descubierto que esas incipientes estrellas pertenecen a tres clases muy diferenciadas, que determinan asimismo su situación. De esta forma, las más antiguas se sitúan en la parte izquierda del aro rojo, las más jóvenes forman un racimo a la derecha e iluminan la nebulosa. Aquellas que aún nacen, envueltas en su capullo polvoriento, ligeramente hacia la derecha.

Esa distribución sugiere que una ola de formación de astros, generados alrededor de los calientes y enormes que conforman la constelación de Orión, se propagó a través de la nebulosa NGC 1788 y aún más allá.




La Ciencia en los Oscar


"Avatar", una de las películas más vistas de la historia del cine, es un cuento de ciencia ficción, un género considerado a menudo minoritario pero que en algunos casos se convierte, de la mano de Hollywood, en todo un éxito de taquilla, y esta noche será sin duda una de las protagonistas de la ceremonia de los Oscar. No suele, sin embargo, ser a la vez un éxito científico, aunque nadie duda de que James Cameron tuvo mucho asesoramiento para crear un universo, cuando menos, plausible.

Basta consultar en cualquier buscador "ciencia en avatar" para encontrar numerosas apreciaciones del asunto, y algunas de bloggers bien conocidos en la divulgación científica española, como Wis_Alien (Wis Physics) y como Sergio L. Palacios (Física en la Ciencia Ficción, una bitácora precisamente dedicada a explorar la ciencia ficción y a hablar de física usándola). Los dos, así como otros autores que he leído, han encontrado que la ciencia está bien tratada en esta película de éxito (en el resto del mundo también pasa, como vemos, por ejemplo en los comentario sobre el tema en Space.com o Popular Mechanics).

Evidentemente un mundo en el que hay montañas que flotan no es algo habitual, y ello es resultado de ese mineral que se inventan en la ficción (¿deberíamos avisar de que en lo que sigue se desvelan algunas tramas de la película, por si queda alguien que aún no la ha visto?) que es superconductor a temperatura ambiente, el unobtanio. La idea es apasionante porque un superconductor puede levitar perfectamente en un campo magnético, como pasa a escala gigantesca en las montañas Aleluya de Pandora, la luna donde se desarrolla la historia de la película.

En los enlaces mencionados hay suficiente material para que la gente conozca un poco más en detalle la ciencia detrás de ese mundo que orbita en torno a Polifemo, un gigante gaseóso tipo Júpiter que podría ser uno de los planetas de la estrella más cercana al Sol, Alfa del Centauro, el lugar donde viajan los protagonistas. Esa estrella está a unos cuatro años-luz de aquí, así que el viaje no es sencillo.

Lo más curioso es que, salvando las diferencias que en el cine quedan tan bien (la piel azulada de los na'vi, junto con su mayor altura que los humanos, quizá debido a una menor gravedad; el aire un tanto dragonteo de las criaturas voladoras; las especies vegetales y la fauna con ese aire tan extraterrestre que aparece en la pantalla) Pandora resulta ser increíblemente demasiado parecida a la Tierra. Todas las ficciones de mundos extraterrestres se enfrentan a esa paradoja: las posibilidades de evolución de la vida en un planeta son tantas, las contingencias que suceden a lo largo de la historia de ese planeta son tan diferentes que pensar que a cuatro años luz de la Tierra puede haber un mundo en el que haya criaturas bípedas, con dos manos, dos ojos y demás es tan improbable que sólo sería científicamente aceptable si la vida en Pandora y en la Tierra tuviera un antepasado común.

Es evidente que si pensamos que lo más probable es que la vida no exista en otro lugar del Universo más que en la Tierra (aunque a todos nos guste fantasear, y la posibilidad exista, con la pluralidad de los mundos habitados) gran parte de estas historias de ciencia-ficción quedarían en quimeras sin sentido. De la misma forma, el folclore platilista resulta altamente sospechoso, tan lleno de alienígenas más o menos similares a los humanos: unas veces rubios y más altos, angelicales; otras grises y cabezones, más bien desagradables, o hasta 70 especies diferentes que algunos de los alucinados ufólogos llegan a afirmar haber detectado de visita en nuestro planeta, una especie de Marina d'Or de la Galaxia, cabría pensar.

Por supuesto, la ciencia-ficción ha especulado siempre con esa posibilidad de vida extraterrestre y no siempre ha sido tan ingenua de creer que esos alienígenas serían tan similares a los homínidos que no sólo deberíamos tener antepasados comunes, sino que no se podrían haber separado las especies más allá del último millón de años, lo que complica aún más las cosas para las sagas de "imperios galácticos" (lo que se llamó en inglés como el subgénero de la Space Opera). En ocasiones ese contacto extaterrestre ha sido adecuadamente relatado como algo muy extraño (recordemos la idea psicodélica de Arthur Clarke y Kubrick en 2001 Una odisea del espacio, copiada en la versión cinematográfica de la novela de Carl Sagan Contacto (realizada en 1997 por Robert Zemeckis); o el planeta Solaris de la novela de Stanislaw Lem, un ser extraterrestre mucho más perturbador, pero menos improbable que los pitufos gigantes de James Cameron, como se retrataba en las versiones fílmicas de Tarkovsky o la más reciente de Soderbergh.

En cualquier caso, parece que la ciencia-ficción se pone de moda aunque he de reconocer (y es una simple opinión personal) que apenas hay buenas películas de un género en el que la literatura ha sido, y sigue siendo, estupenda. Ojalá Cameron, aparte de haber tenido buenos asesores científicos, hubiera podido hacer una historia un poco menos ñoña y simplona. En esto estoy más con Pablo Scarpellini que con Carlos Fresneda, corresponsales de El Mundo en EEUU que en sus crónicas también se han sincerado sobre esta película.





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