20 dic 2010

La inteligencia emocional aumenta a partir de los 60 años


Las personas mayores son más capaces que las personas jóvenes de verle el lado positivo a las situaciones adversas y de empatizar con los menos afortunados, revela una serie de estudios realizados por un equipo de psicólogos de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos).

Dirigidos por el profesor de psicología Robert Levenson, los investigadores llevan un tiempo analizando cómo las estrategias y respuestas emocionales del ser humano se van transformando a medida que cumplimos años.


Más inteligencia emocional

Hasta ahora, los resultados obtenidos por Levinson y sus colaboradores respaldan la teoría de que la inteligencia emocional (entendida como la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos) y las habilidades cognitivas realmente pueden agudizarse a partir de los 60 años de edad.

Estos avances cognitivos supondrían una ventaja para las personas mayores, tanto en medios laborales como en las relaciones personales, publica la Universidad de Berkeley en un comunicado.

Según Levenson parece que “el propósito principal de las últimas etapas de la vida estuviera orientado hacia las relaciones sociales, hacia el cuidar a otros y el ser cuidados por otros”.

El investigador afirma que: “es como si la evolución hubiera afinado nuestro sistema nervioso de manera favorable a este tipo actividades interpersonales y compasivas, a medida que envejecemos”.


Técnicas emocionales

En el primero de los estudios realizados por los científicos fueron analizados 144 adultos sanos de alrededor de 20 años, de entre 40 y 50 años, y de entre 60 y 70 años.

Concretamente, los investigadores estudiaron hasta qué punto estas personas eran capaces de aplicar diversas técnicas emocionales, conocidas como “valoración distanciada”, “revaluación positiva” y “supresión del comportamiento”, mientras veían ciertas imágenes.

Dichas imágenes fueron escenas de la película “21 gramos”, en las que una madre se enteraba de la muerte de sus hijas en un accidente de coche; y de la película “The Champ”, en la que un muchacho ve morir a su mentor después de un combate de boxeo.

Asimismo, los participantes también vieron escenas repugnantes de un programa de televisión llamado “Fear Factor”, en el que los concursantes deben superar sus miedos para enfrentarse a pruebas muy duras, como comer arañas.

Para medir la capacidad de aplicar la “valoración distanciada”, se le pidió a los 144 voluntarios que, ante todas estas imágenes, adoptaran una actitud objetiva, no emocional. Para analizar su capacidad de “revaluación positiva”, se les dijo que se centraran en los aspectos positivos de lo que estaban viendo. Y, para medir el “comportamiento suprimido”, se les indicó que no mostraran emoción alguna.


Ver el lado positivo

Los resultados de este primer estudio fueron los siguientes: las personas mayores del grupo fueron las mejores reinterpretando las escenas negativas de manera positiva, es decir, en la aplicación de la técnica de revaluación positiva.

Los participantes más jóvenes o de mediana edad, por su parte, fueron mejores utilizando la técnica de valoración distanciada, por desvío de la atención de las imágenes desagradables.

Esta estrategia es posible gracias a la “función ejecutiva” del área prefrontal del cerebro (responsable de la memoria, la planificación y el control de impulsos), una función que se sabe disminuye a medida que envejecemos.

Los tres grupos de voluntarios estuvieron igualados en el uso de la técnica de supresión del comportamiento, para evitar cualquier respuesta emocional.

Los investigadores afirman que estos resultados, publicados por la revista especializada Psychology & Aging sugieren que las personas mayores están mejor preparadas para utilizar la revaluación positiva para afrontar las situaciones estresantes.


Mayor tristeza e intimidad

En un segundo estudio, cuyos resultados aparecieron publicado el pasado mes de julio en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience, los científicos aplicaron métodos similares para probar cómo se modifica nuestra sensibilidad a la tristeza a medida que envejecemos.

En este experimento, a 222 adultos sanos de entre 20 y 30 años; de entre 40 y 50 años y de alrededor de 60 años se les dispuso a ver videos que fomentaban la tristeza, el disgusto o un estado neutro.

En este caso, los participantes mayores mostraron, en comparación con los más jóvenes, mayor tristeza frente a las escenas emotivas, según reflejaron los sensores que se les habían colocado para medir sus reacciones fisiológicas ante las imágenes.

Según los científicos, en la etapa final de la vida, la gente toma perspectivas distintas y adopta objetivos diferentes, más centrados en las relaciones personales. Esta actitud tiene como efecto el de estar más sensibles a la tristeza, dado que la capacidad para compartir la tristeza aumenta el grado de intimidad en las relaciones.

Al contrario de lo que cabría esperar, esta elevada sensibilidad a la tristeza no pudo relacionarse, en el contexto del estudio, con un riesgo mayor de padecer depresión, sino que resultó ser un marcador de salud.

Según Levenson, la tristeza puede ser una emoción particularmente significativa en la última etapa de la vida, dado que en esta etapa nos enfrentamos inevitablemente a experiencias de pérdida, y también a la necesidad de dar consuelo a otros.


Regulación emocional

Los resultados de estos estudios son consistentes con los de otro estudio reciente, llevado a cabo por especialistas de la Universidad de Purdue, que reveló que las relaciones personales mejoran en la vejez gracias a, entre otras razones, una mayor capacidad de regulación emocional por parte de los individuos.

Otro estudio anterior, realizado en 2008 por científicos de la Universidad de Tejas en Austin, reveló asimismo que el ser humano tiende a ser más feliz en la vejez que en la juventud, porque, con la edad, el tono de las emociones pasa de negativo a positivo.






Cápsulas «corredizas» para evacuar aviones


En el año 95 decidió patentar una idea que tuvo durante su primer vuelo. Agustín Aguinaldo, natural de La Guardia (Pontevedra), técnico de turismo, decidió convertirse en inventor, definición que no le gusta nada porque él prefiere un modesto «titular de una patente». Su concepto, que ha guardado durante todo este tiempo y que ha mejorado y presentado nuevamente en el registro, sigue buscando el interés de las constructores aeronáuticas, mientras levanta opiniones de todo tipo en el sector. Algo positivo, que al menos mueve a la reflexión.

Su visión futurista dividiría las aeronaves en varias cápsulas, para el pasaje, la tripulación y la carga, soldadas, pero con capacidad de separarse del fuselaje y abandonar la nave en caso de emergencia. Un cinta transportadora las conduciría hasta las puertas de salida y una vez en el exterior se abriría de manera automática un paracaídas para el aterrizaje. Incluso, ante la posibilidad de que caiga en el agua, la patente teoriza con añadir un pequeño motor de propulsión para llegar a tierra firme. El problema que su autor ve en la realización de este proyecto es el estado de crisis financiera y la falta de presupuestos de las grandes compañías constructoras para I+D.

Tras renovar y mejorar su concepto «encapsulado», está empezando a buscar opiniones entre los expertos ya que «la cinta transportadora es una innovación, pero ahora serían los técnicos y expertos los que debería resolver los problemas sobre el plano», comenta Aguinaldo.

Desde la compañía rusa, Irkut, la primera impresión que le han devuelto es de desconcierto ante problemas que se podrían plantear en aviación civil como el aumento de peso de toda la estructura, quién tendría que tomar la decisión sobre qué situación es de emergencia o qué pasaría si los paracaídas no funcionaran, sin olvidar el coste de una instalación a la que no acompaña el cálculo de probabilidades de accidente. Desde la consultora Altrán le ven posibilidades en misiones de paz y reparto de ayuda humanitaria; reparto que ahora se realiza de forma manual y que si se eliminara podría aumentar la seguridad de los vuelos elevando el aparato a más altura.

Probabilidad matemática de que te toque el Gordo


En apenas cuarenta y ocho horas comenzarán a girar los relucientes bombos del Sorteo Extraordinario de Navidad para repartir suerte y felicidad a miles de personas. Por primera vez desde 1963, la celebración del sorteo abandona el tradicional salón de Guzmán el Bueno para trasladarse al Palacio de Congresos de la capital y, así, ampliar el aforo.

Más allá de las sensaciones que vivirán los afortunados durante estos días, nos gustaría analizar las posibilidades reales que existen de que nos toque algún premio y para ello nada mejor que acudir a las matemáticas. Miguel Ángel Morales Medina es licenciado en esta materia por la Universidad de Granada, un apasionado de este mundillo tal y como podemos apreciar en el conocido blog que mantiene desde hace años bajo el simbólico título de Gaussianos. Precisamente entre sus últimas entradas encontramos un completo análisis con las probabilidades de ser agraciados con algún premio en éste y otros sorteos que os recomendamos leer.

El sorteo consta de 195 series de 85.000 billetes cada una; cada billete está formado por 10 décimos. El precio de cada billete es de 200 euros y por tanto, el de cada décimo, 20 euros. El total de la emisión asciende a 3.315.000.000 euros, mientras que el montante destinado a premios supera los 2.000 millones de euros. Teniendo en cuenta estos primeros datos, el cálculo de la probabilidad de que nos toque el premio gordo es casi intuitivo: 1/85.000 = 0,0000117647. Lo cual representa una probabilidad de llevarse los 300.000 euros (al décimo), muy baja....

Sin embargo la cosa cambia si abrimos el abanico y conocemos nuevos datos, como que en total se entregan 13.334 premios entre el Gordo, el segundo, el tercero, los cuartos, los quintos, las aproximaciones a algunos de ellos, las “pedreas” y los reintegros; es decir, que habrá 26.001.300 décimos que tendrán algún tipo de premio.

En ese caso, podemos deducir facilmente que si se venden 85000 · 10 · 195 = 165.750.000 décimos, la probabilidad de que nuestro décimo obtenga algún premio será:
P (Premio) = 26.001.300 (décimos que tendrán algun premio) / 165.750.000 (décimos emitidos). Los que se aventuren a realizar el cálculo observarán que el resultado es 0,15687. Es decir, un 15% que no está nada mal.

En cualquier caso, conviene destacar que esta probabilidad matemática de que nos toque el premio gordo en el sorteo de Navidad (un 0,00117647 %) es bastante superior a la que existe en otros sorteos como la Quiniela (0,00000696917 %), la Primitiva (0,000007151 %) o el Euromillón (0,000001311 %). A esto también hay que añadir, que en el caso del Gordo de Navidad es más limitado y "siempre toca", mientras que en el resto de sorteos, por la multitud de combinaciones que hay, puede resultar el premio "desierto".


Traduce los textos que “lee” la cámara del móvil [VIDEO]


Para viajeros en apuros, aunque por ahora muy limitada, Word Lens puede ser la app perfecta. Traduce en tiempo real los textos que “lee” la cámara del móvil en un cartel y los sustituye por su traducción correspondiente, aunque por ahora está limitado al inglés y el español. Dos años y medio de desarrollo y un potente algoritmo de reconocimiento de caracteres desarrollado por dos programadores son los responsables de este aparente “milagro”, una aplicación de la conocida como realidad aumentada (la mezcla de imagen real y sintética) que puede ayudar por ejemplo a leer la carta de un restaurante durante un viaje.

Por ahora se trata de una aplicación exclusiva para iPhone pero sus desarrolladores esperan sacar pronto una versión para Android. El programa es gratuito pero hay que comprar los paquetes de idiomas que cuestan unos 3,5 euros cada uno y que sólo traducen en una dirección (es decir, que hay uno para inglés-español y otro para español-inglés).

Las traducciones que se ven en las demostraciones dejan bastante que desear pero es un interesante primer paso hacia un futuro que también están explorando otras compañías, como Google. La última versión de su aplicación Googles, pensada para realizar búsquedas a través de la fotografías, incluye una opción de traducción, aunque ésta no se produce en tiempo real y necesita de una conexión a la red. La imagen se envía a los servidores de Google, que devuelve un archivo de texto con la traducción.

Word Lens sin paquetes de idiomas instalados incluye dos modos de demostración, uno que invierte las letras de las palabras y otro que las borra. Es una forma de hacerse una idea de la eficacia del reconocedor de caracteres. Ahora mismo el programa no soporta la captura en modo horizontal y tiene problemas cuando hay demasiadas palabras en un pequeño espacio o con tipografías concretas pero es bastante prometedor.











El 'edén ibérico' de hace 400 millones de años


Las primeras flores completas de la historia de la Tierra se han encontrado en la Península Ibérica, un espacio geográfico que, durante los últimos 400 millones de años, ha superado grandes cambios climáticos tras múltiples transformaciones en su configuración geológica.

El último número de la publicación 'Review of Paleobotany and Palynology', dedicado exclusivamente a la flora ibérica desde sus orígenes, revela, en un total de 15 artículos científicos, la asombrosa diversificación y la supervivencia de miles de especies en la sucesión de cambios climáticos que se han desarrollado en este territorio.

"Es el trabajo más completo que se ha hecho hasta ahora sobre la historia de la flora ibérica, con los mayores expertos, y no sólo reúne material que estaba desperdigado en revistas locales, sino también nuevos hallazgos", apunta el coordinador de este exhaustivo trabajo, José Carrión, profesor de Botánica Evolutiva en la Universidad de Murcia.

Para entender los cambios en la vegetación hay que tener en cuenta que la península, tal como se conoce hoy, en el pasado fue muy distinta: en unos periodos era una gran isla, en otros una península con muchas islas alrededor, o un grupo de pequeños islotes.

Además, hubo momentos en los que estaba ceca del ecuador y otros en el hemisferio norte, como ahora, pasando de una posición tropical a otra subtropical. "Incluso en las flores actuales hay evidencias de aquella historia, es una historia que no se borra, como demuestran helechos que se pueden encontrar aún en Cádiz", señala Carrión.

En estos 400 millones de años, desde la época de ambientes pantanosos del Devónico hasta nuestros días, el Carbonífero (hace entre 350 y 300 millones) fue el momento de máxima gloria de la biodiversidad peninsular. Especies endémicas únicas


Los científicos han podido averiguar, gracias al estudio de los fósiles, que había árboles de 50 metros, con especies únicas, endémicas, y también helechos arborescentes y muchas plantas pequeñas. El ambiente muy húmedo y cálido favoreció que fuera un punto caliente de biodiversidad "sin parangón en el mundo".

Hace entre 200 y 65 millones de años, el territorio fue sobre todo insular, circunstancia que propició que hubiera muchas especies únicas, predominando un paisaje de plantas coníferas, ancestros los pinos, las secuoyas y las araucarias actuales, entremezcladas con gigantescos helechos y colas de caballo.

En el Cretácico, hace unos 125 millones de años, aparecieron las primeras flores (angiospermas) ibéricas, que se extendieron de oeste (Portugal) a este. Se ha encontrado polen anterior, de hace 140 millones de años, en Egipto, Mauritania, Estados Unidos... Pero las de la Península son las flores primitivas más completas y mejor conservadas que se conocen.

Se han encontrado en el yacimiento de Torres Vedras, en Portugal, plantas tropicales con sus flores, sus frutos y su polen gracias al trabajo de Else Marie Friis, investigadora del Museo de Historia Natural de Suecia.

"Gracia a su trabajo se ha podido establecer el árbol evolutivo de las angiospermas con un registro fósil", reconoce el experto español.


Un 'fondo de saco'

Desde finales del Cretácico, Iberia se estabiliza, después de un periodo de gran actividad tectónica. Plantas que se habían extinguido en todo el continente europeo, continúan creciendo en la península, según Carrión como si fuera un "fondo saco" de supervivencia y, a la vez de diversificación de especies. Incluso durante el Cuaternario, es un refugio de muchas especies, no solo de vegetales, sino también de animales, entre los que están los humanos neandertales.

Ya en el Neolítico, la transformación del paisaje viene de la mano de nuestra especie. Se cambia el paisaje de pinares, que es primigenio de Iberia, por otro con muchas más encinas, que son fruto de la selección humana. Carrión recuerda que "varios artículos enfatizan el papel de los pinares, contra el mito de la ardilla saltando de encina en encina".

En todo caso, como conclusión, apunta que "el análisis histórico demuestra que no es posible volver a un bosque primario porque la vegetación está en continuo cambio y la influencia humana sea ineludible".

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