11 dic 2009

Investigadores del CSIC señalan que el Mediterráneo se llenó en menos de dos años



Hace 5,3 millones de años se produjo la mayor inundación conocida nunca en la Tierra sobre un Mediterráneo desecado. La descarga de agua fue 1.000 veces superior a la del río Amazonas, con una subida de 10 m diarios del nivel del mar.

El mar Mediterráneo llegó casi a secarse hace unos seis millones de años, al quedar aislado de los océanos durante un largo periodo de tiempo, debido el actual levantamiento tectónico del Estrecho de Gibraltar. Cuando las aguas del Atlántico encontraron de nuevo un camino a través del Estrecho, llenaron el Mediterráneo con la mayor y más brusca inundación que ha conocido nunca la Tierra. La cuenca mediterránea, entonces un enorme desierto a 1.500 metros de profundidad, tardó en llenarse de unos meses a dos años, según explican investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Hasta ahora se pensaba que este mar en medio de las tierras había tardado en llenarse de 10 a 10.000 años.

De acuerdo con el artículo que aparece publicado esta semana en la revista Nature, la enorme descarga de agua, iniciada probablemente por el hundimiento tectónico del Estrecho y el desnivel de ambos mares [de unos 1.500 metros], llegó a ser 1.000 veces superior al actual río Amazonas y llenó el Mediterráneo a un ritmo de hasta 10 metros diarios de subida del nivel del mar.

La inundación que reconectó el Atlántico con el Mediterráneo provocó en el fondo marino una erosión de cerca de 200 kilómetros de longitud y varios kilómetros de anchura.

De acuerdo con el artículo que aparece publicado esta semana en la revista Nature, la enorme descarga de agua, iniciada probablemente por el hundimiento tectónico del Estrecho y el desnivel de ambos mares [de unos 1.500 metros], llegó a ser 1.000 veces superior al actual río Amazonas y llenó el Mediterráneo a un ritmo de hasta 10 metros diarios de subida del nivel del mar.

La inundación que reconectó el Atlántico con el Mediterráneo provocó en el fondo marino una erosión de cerca de 200 kilómetros de longitud y varios kilómetros de anchura.

Uno de los responsables de la investigación, el investigador del CSIC Daniel García- Castellanos, que trabaja en el Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera, en Barcelona, detalla: "La inundación que puso fin a la desecación del Mediterráneo fue extremadamente corta y más que parecerse a una enorme cascada debió consistir en un descenso más o menos gradual desde el Atlántico hasta el centro del Mar de Alborán, una especie de 'megarrápido' por donde el agua circuló a cientos de kilómetros por hora. Como consecuencia, el canal erosivo que atraviesa el estrecho tiene unos 500 metros de profundidad y hasta ocho kilómetros de anchura, y se extiende a lo largo de unos 200 kilómetros entre el Golfo de Cádiz y el Mar de Alborán".

Cuando hace unos años los ingenieros del túnel que debía unir Europa y África estudiaron el subsuelo del Estrecho de Gibraltar se encontraron con este problema inesperado: un surco de varios cientos de metros de profundidad, rellenado por sedimentos poco consolidados. Los geólogos y geofísicos en los años 90 pensaron que esta norme erosión había sido producida por algún río de gran caudal durante la desecación del Mediterráneo.

"Esperamos que el artículo contribuya, en cierta medida, a planificar las obras del túnel para unir Europa y África. El trabajo se basa en buena parte en los estudios preliminares de ese proyecto, muy condicionado por la presencia de ese canal erosivo que nosotros relacionamos con la inundación. Sería cerrar un bello círculo que nuestra investigación acabara contribuyendo a la construcción del túnel con nuevo conocimiento", apunta García-Castellanos.


GARGANTAS Y SAL

"Durante el periodo de desecación [la llamada crisis salina del Mesiniense, debido a la precipitación masiva de sal en todo el Mediterráneo con acumulaciones de varios kilómetros en algunos lugares de sus zonas más profundas], los principales ríos que desembocaban en el mar estudiado excavaron profundas e impresionantes gargantas en los márgenes del fondo marino, que quedaron expuestos. Los ríos desembocaban entonces en lagos salinos situados en las partes más profundas de la cuenca", explica el investigador del CSIC.

No obstante, a partir del estudio de los perfiles sísmicos realizados en el Mar de Alborán [secciones verticales a través de los sedimentos] y de los cálculos basados en modelos de erosión de los ríos de montaña, los investigadores demostraron que la erosión no fue producida por un río durante la desecación del Mediterráneo, sino por un enorme flujo de agua procedente del Atlántico.

García-Castellanos avanza las implicaciones que pueda tener el estudio: "Un cambio tan enorme y abrupto en el paisaje terrestre como el que hemos deducido pudo tener un impacto notable en el clima de aquel periodo, algo que no se ha estudiado aún con suficiente detalle y a lo que podría ayudar este trabajo. La técnica usada, además, nos puede servir también para estudiar otras inundaciones de las que se desconocen su intensidad o duración".



El día en que la Tierra sobrevivió al mayor ataque estelar


El ataque llegó de improviso, desde la lejana constelación de Sagitario, a más de 50.000 años luz de distancia. Durante un breve instante, apenas un par de décimas de segundo, el 27 de diciembre de 2004 un invisible estallido de energía, equivalente a medio millón de años de iluminación solar, alcanzó la Tierra casi a la velocidad de la luz. Muchos de nuestros satélites dejaron de funcionar al instante, y las capas superiores de nuestro mundo quedaron instantáneamente ionizadas por el súbito impacto de cantidades masivas de rayos gamma.

La fuente de aquel ataque invisible fue un extraño tipo de estrella de neutrones, un magnetar, conocido como SGR 1806-20 y que se encuentra justo en el extremo opuesto de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Los magnetares, un tipo de púlsares que periódicamente expulsan enormes cantidades de energía, poseen campos magnéticos de una extraordinaria intensidad (hasta 1.000 veces mayor que la de un púlsar convencional). Tanto, que resultarían letales para cualquier forma de vida a más de mil km. de distancia.

Hasta ahora, los astrónomos han catalogado más de mil púlsares en nuestra propia galaxia, un número muy pequeño si se compara con los más de cien millones de estrellas de neutrones «pacíficas» que se estima que contiene la Vía Láctea. Las estrellas de neutrones son los restos materiales (de una densidad enorme) que quedan tras la muerte violenta de una estrella convencional. Algunos de estos oscuros cadáveres estelares giran sobre sí mismos hasta cientos de veces por segundo, emitiendo a cada giro pulsos de energía (de ahí su nombre), que viajan por el espacio en forma de rayos X o gamma.

Sólo una pequeña fracción de las estrellas de neutrones conocidas son púlsares. Y entre ellos sólo unos pocos pertenecen a la categoría de los magnetares. Se cree que éstos son, precisamente, los despojos que quedan tras la muerte de las estrellas más grandes, supergigantes que, sin embargo, no tenían la masa suficiente como para convertirse, al morir, en agujeros negros.


Esterilizado en un instante

Por fortuna para nuestro planeta, los magnetares más cercanos están lo suficientemente lejos (miles de años luz), como para causarnos graves daños. Si SGR 1806-20 hubiera estado, digamos, a sólo unas decenas de años luz de distancia, aquél 27 de diciembre de 2004 nuestro planeta habría quedado completamente esterilizado en apenas una fracción de segundo.

Sin embargo, no fue ésta la única, ni tampoco la mayor, explosión de energía que los astrónomos han podido observar. Numerosos instrumentos, tanto en tierra como en órbita, escrutan contínuamente el espacio en busca de estos repentinos, imprevisibles y enormemente energéticos estallidos. Y fue utilizando uno de esos instrumentos, el satélite de la NASA Swift, como se detectó, el pasado 19 de marzo de 2008, otra oleada de energía en ruta directa hacia nuestro planeta. De hecho, la mayor que se ha podido ver hasta la fecha. La explosión fue catalogada como GRB 080319B y fue tan intensa y brillante que pudo distinguirse a simple vista desde la Tierra durante cerca de quince segundos.

En un artículo que aparece esta semana en Nature, Judith Racusin, de la Penn State University y otros 92 astrónomos de todo el mundo dan cuenta de sus observaciones, desde 30 minutos antes de producirse la explosión al seguimiento de su brillo durante varios meses después. Y el equipo ha llegado a la conclusión inequívoca de que la oleada de energía que ha provocado se dirige directamente hacia la Tierra al 99,99995% de la velocidad de la luz. Sin embargo, y dada su distancia, no corremos peligro alguno. La estrella responsable de la explosión se encuentra a la increíble distancia de 7.500 millones de años luz de nosotros.

A pesar de ello, cuando los instrumentos del Swift la captaron, quedaron temporalmente cegados por su resplandor. Al principio Racusin creyó que algo había dejado de funcionar en el satélite, y sólo después se dio cuenta de que se encontraba ante el acontecimiento más violento jamás observado por el hombre. Los científicos admiten su consternación ante un fenómeno de tal violencia y luminosidad que pudo verse a ojo desnudo a pesar de estar a una distancia tan enorme. Nadie se atreve a pronosticar qué habría sucedido si si la estrella hubiera estado tan «cerca» de nosotros como la que provocó la oleada energética de diciembre de 2004...





Lumino: tres dimensiones para la Surface de Microsoft


Quizá creas que un sistema de bloques no sea gran cosa para un dispositivo como la Surface de Microsoft. Pero tiene su miga: el reconocimiento de la tercera dimensión, con las consiguientes implicaciones en la interfaz de usuario. Aunque ya se ha visto a la Surface identificar y reaccionar a objetos físicos, es la primera vez que los reconoce en tres dimensiones. Los bloques Lumino se pueden apilar y la Surface se comporta de forma diferente cuando están unidos. La tercera dimensión en interfaces táctiles podría permitir una nueva generación de gestos que aún no se han incorporado. Tienes un vídeo de Lumino después del salto.









Relacionan el Azul de Prusia con el origen de la vida


Un equipo de investigadores del Centro de Astrobiología (INTA-CSIC) ha comprobado que a partir de la sal Azul de Prusia se pueden obtener cianuro de hidrógeno, urea y otras sustancias consideradas esenciales en la formación de las primeras moléculas biológicas. Para realizar el estudio, publicado en la revista Chemistry & Biodiversity, los científicos han recreado las condiciones químicas de la Tierra primitiva.

“Hemos verificado que al disolver el Azul de Prusia en soluciones amoniacales se obtiene cianuro de hidrógeno, una sustancia que pudo desempeñar un papel fundamental en la síntesis de las primeras moléculas bioorgánicas, así como otros precursores relacionados con el origen de la vida, como la urea, la dimetilhidantoina y el ácido láctico”, explica a SINC Marta Ruiz Bermejo primera autora del estudio e investigadora del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA).

La urea se considera un reactivo importante en la síntesis de pirimidinas (sus derivados forman parte de los ácidos nucleicos del ADN y ARN), las hidantoinas se han propuesto como precursores de péptidos y aminoácidos (los componentes de las proteínas), y el ácido láctico también tiene interés biológico porque, junto al ácido málico, puede actuar en sistemas donadores-aceptores de electrones.

La investigadora y su equipo han comprobado que éstos y otros compuestos se originan a partir del cianuro que libera la sal Azul de Prusia (nombre que hace referencia al pigmento de los uniformes del ejército prusiano), cuando se la somete durante varios días a pH 12 y a temperaturas relativamente altas (70-150ºC), en un ambiente húmedo con amoniaco y sin oxígeno similar al de la Tierra primitiva. Los resultados del estudio se han publicado recientemente en la revista Chemistry & Biodiversity.

“Además, cuando se descompone el Azul de Prusia en el medio amoniacal y anóxico esta sal compleja –denominada hexacianoferrato (II) de hierro (III)- también resulta ser un excelente precursor de hematite, la forma más estable y frecuente de los óxidos de hierro (III) en la superficie de la Tierra”, destaca Ruiz Bermejo.

El hematite se relaciona con las denominadas ‘formaciones de hierro bandeado’ (BIF, por sus siglas en inglés: Banded Iron Formations), cuyo origen biológico o geológico es motivo de un intenso debate entre los científicos. Las formaciones más antiguas, de más de 2.000 millones de años de antigüedad, se han encontrado en Australia.

Los investigadores han confirmado en otros estudios que se puede obtener Azul de Prusia en condiciones prebióticas (a partir de iones ferrosos y bajo una atmósfera de metano y descargas eléctricas). La síntesis de esta sal y su posterior transformación en hematite ofrece un modelo alternativo para explicar la formación de hierros bandeados en condiciones abióticas en ausencia de oxígeno.

Ruiz Bermejo concluye que el Azul de Prusia “pudo actuar como concentrador de carbono en la hidrosfera prebiótica y que su descomposición húmeda en condiciones anóxicas pudo liberar cianuro de hidrógeno y cianógeno, con la subsiguiente formación de moléculas orgánicas y óxidos de hierro”.


Referencia bibliográfica:

Marta Ruiz Bermejo, Celia Rogero, César Menor Salván, Susana Osuna Esteban, José Ángel Martín-Gago y Sabino Veintemillas Verdaguer. “Thermal wet decomposition of Prussian Blue: Implications for Prebiotic Chemistry”. CHEMISTRY & BIODIVERSITY 6 (9): 1309-1322, 2009.





Más de 40 millones de hogares en los EEUU tendrían TVs 3D para el 2014


Se nos hace difícil pensar en las ventas de televisiones para el año 2014, sin embargo, en Insight Media dicen poseer unos números bastante interesantes. En un documento denominado "Stereoscopic 3D Gaming Report" indican que "más de 40 millones" de hogares (seguramente en los EEUU) tendrán televisiones 3D para el 2014. Su cifra proviene de un estudio que revela que las ganancias por pantalla en las ventas de videos en 3D son mayores a las de los mismos en 2D. Si te interesa, el reporte completo tiene un precio de 5.000 dólares, que por ahora podrías ahorrar para comprar una de esas televisiones en unos pocos años.






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