29 mar 2010

Ciencia y religión, dos visiones del mundo



Ciencia y religión son la dos grandes visiones del mundo más importantes. Son fenómenos globales presentes a lo largo de toda la historia de la humanidad. Las relaciones entre ciencia y religión se pueden enfocar desde tres puntos de vista: histórico, epistemológico y sociológico. La primera pregunta que se plantea es si son entre si compatibles o incompatibles. Dentro de la compatibilidad se puede destacar su autonomía y desde ella el diálogo y la complementaridad. El problema de los orígenes del universo, la vida y el hombre puede plantearse desde la religión y de la ciencia. Aunque esto llevó a ciertos conflictos hoy encontramos que no tiene por que oponerse. El campo de la ética es un terreno en el que ciencia y religión se encuentran. Por Javier Monserrat.

Con el título Ciencia y Religión, Dos Visiones del Mundo, Agustín Udías Vallina, jesuita y catedrático de geofísica en la Universidad Complutense de Madrid, ha publicado un libro (Santander: Sal Terrae, 2010) sobre las relaciones entre ciencia y religión. Este es hoy en día un problema candente que tiene una gran tradición en la cultura anglosajona y está despertando un gran interés en nuestro país. Muchas preguntas están en el ambiente a las que no siempre se dan la respuestas correctas ¿Son ciencia y religión incompatibles y opuestas? ¿Ha perseguido la Iglesia a los científicos? ¿Murió Galileo en la hoguera condenado por la Inquisición? ¿Han condenado los papas la teoría de la evolución? ¿Son la mayoría de los científicos materialistas y ateos?

Muchas afirmaciones negativas sobre la relación entre ciencia y religión se siguen repitiendo hoy, a veces, con enconada virulencia y algunos ven en la religión un virus maligno que se opone al progreso de la ciencia. El tema necesita de una reflexión seria y serena que examine la relación entre ciencia y religión como formas de conocimiento y fenómenos sociales, y cómo ha sido esta relación a lo largo de la historia, en especial, en relación con el cristianismo. Este es el enfoque de este nuevo libro.

Nadie puede hoy dudar que la ciencia y la religión son, sin lugar a dudas, las dos grandes visiones sobre el mundo. Aunque hay otras visiones, como la artística, estas dos tienen una extensión y fuerza que las sitúan como las dos más importantes maneras de mirar al mundo. En general, podemos decir que la ciencia trata de comprender la naturaleza del mundo material que nos rodea, cómo ha llegado a ser, cómo lo conocemos y qué leyes lo rigen. La religión, por otro lado, trata de lo que transciende el mundo material y pone al hombre en contacto con lo que está más allá, lo numinoso, lo misterioso, en una palabra con el misterio de Dios y su relación con el hombre y el universo. Este es el enfoque que toma el autor y trata de analizar ambas visiones y establecer cuales pueden ser las relaciones que hay entre ellas.


Tres enfoques: epistemológico, histórico y sociológico

Las relaciones entre ciencia y religión pueden enfocarse desde diversos puntos de vista. Este estudio se centra en tres, el histórico, el epistemológico y el sociológico. Tanto la religión como la ciencia son fenómenos culturales que han estado presentes a lo largo de la historia desde la más remota antigüedad. A veces se corre el peligro de suponer que la ciencia empieza con la ciencia moderna del Renacimiento, olvidando todos los desarrollos anteriores. Esto es un grave error, ya que el nacimiento de la misma ciencia moderna no puede entenderse sin los desarrollos científicos anteriores. Remontándonos a los albores de la ciencia en la antigüedad podemos encontrar ya interacciones con la religión.

Un interés especial tiene la relación entre el cristianismo y la ciencia, ya que la ciencia moderna nace precisamente en el occidente cristiano. Esta relación comienza con los primeros autores cristianos del siglo III y se continúa a lo largo del tiempo hasta nuestros días. A veces se simplifican y se presentan conclusiones erróneas sobre esta relación al no tenerse en cuenta cómo ha discurrido a lo largo de la historia. El enfoque histórico es, por lo tanto, imprescindible para llegar a una visión correcta del problema.

La religión y la ciencia constituyen formas de acercamiento a la realidad, es decir, formas de conocimiento con distintas peculiaridades. Es, por lo tanto, importante estudiar la distinta naturaleza de cada una de ellas y la relación que puede establecerse entre el conocimiento científico y el conocimiento religioso. Esta reflexión pertenece al campo de la filosofía.

La reflexión filosófica y en concreto la epistemológica es imprescindible para establecer las relaciones entre ciencia y religión como formas de conocimiento. Fe y experiencia religiosa forman el fundamento del conocimiento religioso que se formaliza en la teología, mientras el conocimiento científico está formado por un marco formal de leyes y teorías, relacionadas con una base empírica de experimentos y observaciones. Establecer claramente la naturaleza y los límites de estos dos tipos de conocimiento es fundamental para poder establecer correctamente la relación entre ambos.

La religión y la ciencia son además fenómenos sociales. Su aspecto sociológico es, por lo tanto, muy importante para conocer las relaciones entre ellas. Este aspecto es menos conocido y pocas veces se tiene en cuenta. Ciencia y religión forman dos sistemas sociales complejos que agrupan experiencias individuales y colectivas y que tienen sus normas y patrones de comportamientos que resultan en la formación de comunidades con un tipo de estructura y lenguaje propio.

Ambas comunidades interaccionan con la sociedad general en claves que pueden ser de aceptación, rechazo, prestigio e influencia con las consecuentes interacciones entre ellas. La afirmación de posiciones de influencia social ha resultado, a veces, en confrontaciones entre ellas. La incidencia normativa de la religión en los comportamientos, que desemboca en propuestas éticas, interacciona con la práctica de la ciencia, que no puede ser ajena a los problemas éticos que en ella pueden surgir. La preocupación cada vez mayor de la sociedad por los problemas éticos relacionados con la ciencia abre hoy nuevos campos de relación de esta con el pensamiento religioso.


Ciencia y religión ¿compatibles o incompatibles?

La primera pregunta que podemos plantearnos es si ciencia y religión son entre sí compatibles o no. Es decir, si una y otra pueden convivir o necesariamente la una excluye a la otra y entre ellas solo puede haber un inevitable conflicto. No es raro encontrar, aun hoy, la opinión, a veces generalizada, de que ciencia y religión son mutuamente incompatibles y la relación entre ellas ha sido siempre una fuente de inevitables conflictos.

Se las considera como dos visiones contrapuestas del mundo, que no pueden menos que chocar siempre entre sí. No solo esto, sino que cada una de ellas niega la validez de la otra. Hoy, además, se mantiene que solo la visión de la ciencia puede ser la verdadera, con lo que la visión religiosa tiene que ir poco a poco desapareciendo. Desde este punto de vista, el avance de la ciencia implica siempre un retroceso de la religión. Para apoyar esta posición se hace a menudo una interpretación sesgada de la historia y se traen siempre los mismos casos de Galileo y Darwin.

Aunque se hace retroceder esta posición hasta los orígenes de la ciencia moderna, indicando con ello que la ciencia misma no puede más que estar en conflicto con la religión, en realidad empieza en el siglo XIX, aunque se pueden encontrar algunas raíces en el XVIII. Dos libros publicados por John W. Draper y Andrew D. White a finales del siglo XIX contribuyeron de una manera especial a extender esta postura.

Draper, sobre todo, dedica sus ataques más furiosos contra la Iglesia católica de la que dice que el cristianismo católico y la ciencia son absolutamente incompatibles. Estos dos libros han pasado a representar la postura que mantiene la incompatibilidad y el conflicto inevitable entre ciencia y religión.

Después de la segunda guerra mundial se da un cambio en estas posturas. Por un lado, se empieza a dar un abandono de la euforia cientificista que había favorecido la idea de la incompatibilidad y el conflicto inevitable entre la ciencia y la religión. De la admiración sin límite de la ciencia se fue pasando a una mirada más crítica y aun a un cierto recelo, causado por el peligro a algunas de sus consecuencias.

Por otro lado, los nuevos estudios históricos han mostrado que muchos de los argumentos usados por Draper y White no tienen una seria base histórica. Las relaciones entre la ciencia y la religión a lo largo de la historia han sido complejas y no se pueden reducir a las de su absoluta incompatibilidad y continuo conflicto.

Numerosos estudios de tipo histórico en los últimos años, que tocan temas tan delicados como las épocas de Galileo y Darwin, han demostrado bastante claramente que ni solo el necesario conflicto ni la continua armonía reflejan las complejas relaciones entre ciencia y religión. Se trata de dos visiones autónomas del mundo entre las que debe establecerse un fructuoso diálogo y que pueden considerarse como complementarias. Algunos autores han buscado una cierta integración entre ambas, pero esto resulta más problemático.


El origen del universo, la vida y el hombre

El hombre ha sentido siempre la necesidad de comprender la naturaleza y el origen de las cosas que le rodean, y de esta forma llegar a hacerlo también del conjunto de todas ellas, es decir, del universo y de una manera especial de la vida y de sí mismo. A lo largo del tiempo estas concepciones del universo o cosmologías han ido cambiando hasta llegar a la que tenemos hoy, que sin lugar a dudas cambiará también en los siglos futuros. Junto con la visión de la naturaleza del universo, se plantea también la de su origen y como ha llegado a ser como lo vemos hoy.

Al enfrentarse con el universo, y tratar de dar una respuesta a las preguntas que se le plantean sobre su naturaleza y origen, el hombre adopta diversos puntos de vista, que hoy podemos separar como científico, filosófico y teológico. Hoy estos puntos de vista están más o menos separados, pero durante mucho tiempo estuvieron mezclados. Aún hoy, a pesar de no ser reconocido muchas veces, estos puntos de vista se confunden en cuestiones que cruzan inadvertidamente las fronteras que hemos establecido entre ellos. Respecto a estos temas se siguen planteándose cuestiones que cruzan la frontera a la filosofía y aún a la teología y son uno de los campos más importante de la relación entre ciencia y religión.

Un problema importante es considerar las concepciones que el hombre ha tenido de la naturaleza y origen del universo a lo largo de la historia y la imagen que nos da de ellas hoy la ciencia actual, y ver como se relacionan con lo que las religiones nos dicen sobre el mismo tema. El problema tiene que ver con las relaciones que se establecen entre el mundo y la divinidad en cada pensamiento religioso.

Las tradiciones orientales participan de un cierto panteísmo e imanentismo, en el que la separación entre el mundo y la divinidad queda difuminada en una concepción en la que la última realidad es unitaria. En ellas se encuentra la idea de un universo eterno, cíclico que últimamente tiene su fundamento en un último principio omnipresente e incognoscible, más allá del ser y no-ser, bien sea Brahma o Tao, con el que finalmente se identifica. No hay un verdadero concepto de creación, sino que el universo mismo es como una extensión de lo que podemos considerar como el ámbito de lo divino y no distinto de él.

Las ideas de la unidad y el cambio ocupan un papel importante, ya que el universo es a la vez eternamente cambiante y el mismo, que nace, se desarrolla, muere y vuelve a nacer y que no es realmente distinto del principio divino con el que se identifica y cuyos avatares se manifiestan en la naturaleza.


El Dios creador del Islam

En la tradición judío-cristiana recogida también por el Islam encontramos una novedad respecto a las concepciones de las tradiciones orientales que consiste en la concepción absolutamente monoteísta y trascendente de un solo Dios que se revela en la historia y que es el creador del cielo y la tierra, es decir, de todo lo que existe. El pueblo judío elabora esta concepción de Dios y del mundo en sus escritos contenidos en los diversos libros de la Biblia. Estos escritos aceptados en la Biblia cristiana son la base de una elaboración posterior de acuerdo con la fe cristiana. Ellos sirven, también, de base a la concepción de Dios creador del Islam. La importancia de esta tradición es grande, ya que la ciencia moderna nace en el contexto cristiano de occidente y en ella influyó su concepción del mundo como distinto de Dios y creado por él.

Un elemento clave en el nacimiento de la ciencia moderna es la propuesta de un nuevo modelo cosmológico heliocéntrico que va a sustituir el geocéntrico, vigente desde la antigüedad y elaborado por los grandes astrónomos griegos. Este modelo cosmológico geocéntrico adaptado al pensamiento cristiano dio origen a la imagen del universo vigente durante toda la Edad Media.

La propuesta de la nueva cosmología fue obra de Nicolás Copérnico y con su defensa por Galileo Galilei va dar origen a uno de los conflictos más famosos entre ciencia y religión. El problema se centró en la confrontación entre la interpretación literal de los textos de la Biblia que presentaban la Tierra inmóvil y el Sol moviéndose y la nueva propuesta cosmológica de la Tierra girando alrededor del Sol. Este problema va a llevar a la condena por la Iglesia del sistema copernicano y más tarde de la de Galileo por defenderlo públicamente en su libro.

Mucho se ha escrito sobre esta condena, lo que no cabe duda es que se había cometido un gran error y una gran injusticia. En realidad, la que salió más perjudicada fue la Iglesia misma, que ha tenido que cargar desde entonces con el peso de una decisión equivocada, que ha marcado negativamente su relación con la ciencia.

Aunque la prudencia podría aconsejar entonces cierta precaución respecto a la aceptación del nuevo sistema cosmológico, esto no justifica el aferrase a la interpretación literal de la Escritura y condenarlo, como opuesto a la fe cristiana y, menos todavía, obligar a Galileo a su abjuración. Las autoridades eclesiásticas no supieron desligarse de las cuestiones astronómicas, en las que no debieron haber entrado, y arrastrados por una interpretación literal de la Biblia llegaron a considerar como doctrina herética, o al menos sospechosa de herejía al heliocentrismo.


Génesis y creación

En el occidente cristiano, el relato del Génesis sobre la creación, que se aceptaba literalmente, implicaba que las especies de animales y plantas habían sido creadas cada una independientemente en el transcurso de seis días. Los comentarios a estos textos no harán más que recalcar esta idea de la creación directa de Dios de cada una de las especies de plantas y animales y en especial la creación del hombre a su imagen y semejanza, dando al universo una duración de unos 6000 años.

Esta visión va entrar en colisión con los desarrollos de la geología y la propuesta de Charles Darwin de la teoría de la evolución en la que se propone el mecanismo de la selección natural para explicar el origen de las especies, incluido el hombre, desde unos primeros seres vivos.

Aunque al principio hubo, desde el punto de vista puramente científico cierta oposición, la teoría de la evolución se fue imponiendo, de forma que en veinte años el acuerdo entre la comunidad científica era ya casi unánime. Está claro que las ideas de Darwin sobre la evolución chocaban con muchos aspectos de las doctrina tradicional cristiana, entre ellos, la naturaleza de la acción de Dios en el mundo, la finalidad de la creación, la historicidad del relato de la creación interpretado literalmente y la historia de la creación del hombre a imagen de Dios.

No faltaron desde el principio las interpretaciones puramente materialistas, de lo que se ha llamado el “naturalismo evolutivo” que sería utilizado en contra de la doctrina cristiana de la creación y la providencia. La selección natural presentaba una propuesta de naturalismo riguroso, en el que no se necesitaba la acción de ningún agente externo para explicar el desarrollo y la evolución de las especies.

Para el pensamiento ortodoxo cristiano esto representaba un eliminar de la consideración de la naturaleza toda referencia a un Dios creador. Es natural que la evolución se percibiera como una amenaza para la religión. El tender puentes entre las dos doctrinas resultaba difícil al principio, cuando además las mismas bases científicas del mecanismo de la evolución resultaban todavía sujetas a debate.

A medida que la teoría científica se fue solidificando y los mecanismos de la selección natural se hicieron más claros, su aceptación en el pensamiento cristiano se fue haciendo cada vez más necesaria. A pesar de que durante un tiempo las posturas evolucionistas se veían en ambientes eclesiásticos con sospecha, su aceptación terminó por imponerse. A pesar de que durante un tiempo las posturas evolucionistas se veían en ambientes eclesiásticos con sospecha, su aceptación terminó por imponerse. La evolución de universo y la vida sobre la tierra muestran como Dios ha creado el mundo.


Ética, ciencia y religión

La ciencia puede considerarse como una actividad humana y como una forma de conocimiento. En el primer caso, como toda actividad humana, uno puede preguntarse si su práctica se debe ajustar a las normativas de la ética y en el segundo si sus conocimientos aportan algo a dichas normativas. Lo primero se aplica también, con más motivo, a la técnica como aplicación práctica de la ciencia a las diversas necesidades humanas.

Por otro lado, toda religión comporta normativas de los comportamientos y tiene, por lo tanto, una dimensión ética. De esta forma, el problema ético es inevitable al tratar de las relaciones entre ciencia y religión. Ambas inciden en el campo de la ética y esto puede llevar a roces y conflictos entre ellas.

Podemos empezar por plantearnos el comportamiento ético dentro de la práctica misma de la ciencia, y si puede ella misma suministrarse los principios de su comportamiento ético, o si es necesario que acepte valoraciones que se basan en otros ámbitos del conocer humano. A estas consideraciones podemos llamar la ética interna de la ciencia.

Es cada vez más patente, que en la misma práctica científica, las normas éticas del comportamiento deben de ser respetadas. Los físicos, entre los científicos, han negado a menudo que la conducta no-ética sea en este campo de la ciencia un verdadero problema. Sin embargo, muchas voces se han levantado para reconocer que esta postura debe ser abandonada.

El comportamiento ético no pertenece solo a las ciencias aplicadas o a la tecnología, sino a toda actividad científica, aun a aquella, como la física, que se considera más alejadas de los planteamientos éticos. En efecto, hoy se reconoce que existen muchos problemas en la práctica de la ciencia que deben reconocerse como comportamientos no-éticos.

Pasemos ahora al problema de lo que podemos llamar la ética externa, es decir, la ética que tiene que ver con los resultados de la ciencia. Se trata ahora, por lo tanto, en la ética que afecta al uso de los resultados de la ciencia. La responsabilidad respecto a los resultados del trabajo científico abre una amplia gama de consideraciones. Se puede hablar en este contexto de una ética personal de cada científico y también de una responsabilidad colectiva de la comunidad científica.

Esta responsabilidad personal y colectiva lleva consigo que se han de tener siempre presente las posibles consecuencias que se derivan del trabajo científico. Hoy esto adquiere una importancia mayor, debido al papel primordial que ha adquirido la ciencia en el desarrollo material y crítico de nuestra sociedad. Esta responsabilidad no puede excluirse nunca y se extiende a todo trabajo científico, aunque en sí mismo se considere apartado de toda aplicación práctica.

Aunque hoy los proyectos científicos incluyen a un número grande de investigadores y técnicos, esto no excluye de la responsabilidad que cada uno de ellos tiene. El investigador no puede ampararse en la colectividad para desentenderse de su propia responsabilidad. Esta responsabilidad obliga a cada uno y a la colectividad a hacer todo lo posible para que los resultados del trabajo científico se empleen solo en bien del hombre y la sociedad. En ocasiones esta responsabilidad puede llevar a tener que tomar decisiones con consecuencias personales graves, pero que no pueden ser eludidas. El autor añade como ejemplo los problemas de la ética medioambiental.


Conclusión

El tema de la relación entre ciencia y religión es enormemente amplio, como queda recogido en los capítulos del libro de Agustín Udías de los que hemos dado algunas breves anotaciones. En él el autor pretende presentar estos problemas con serenidad y claridad al objeto de ayudar a una reflexión seria sobre el tema. Conviene recordar la amplitud dada a los temas históricos con los que se quiere esclarecer muchos malentendidos que han oscurecido la recta comprensión de la relación entre ciencia y religión, el análisis de las relaciones que se pueden establecer entre ellas y como inciden ambas en los problemas éticos.


Javier Monserrat, profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, es miembro de la Cátedra CTR.



¿Para qué sirve un Sincrotrón?


El acelerador de partículas que hoy se inaugura en Barcelona funciona como un grandioso microscopio para observar la estructura de la materia.

El nuevo Sincrotrón Alba, un acelerador de partículas capaz de observar estructuras moleculares como si fuera un grandioso microscopio, ha sido inaugurado esta tarde en el parque tecnológico de Cerdanyola de Vallés (Barcelona) por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia. Se trata de una impresionante infraestructura en forma de hélice plateada que ha costado más de 200 millones de euros. Algunos ya la denominan la «Fórmula 1» de la ciencia. Pero, ¿para qué sirve? Más modesto y con funciones diferentes a las de su hermano mayor, el LHC de Ginebra, que pretende recrear en laboratorio los momentos que sucedieron al Big Bang y desentrañar los orígenes del Universo, el Sincrotrón producirá un haz de luz microscópico de gran intensidad para conocer las estructuras moleculares de la materia, como si creáramos un puzzle con millones de piezas diminutas que pudiéramos identificar una a una. Su trabajo tendrá las más diversas aplicaciones, desde la genética y la paleontología, a la química y la industria farmacéutica.

El Alba es un sincrotrón de última hornada, al mismo nivel que sus gemelos de Diamond (Reino Unido) o Soleis (Francia). De una tecnología muy avanzada, su director científico, Salvador Ferrer, asegura que supone «una herramienta básica en un país industrializado, tanto como los rayos X en un hospital». Funciona de la siguiente forma: los electrones se mueven a través de un cañón y se aceleran con campos eléctricos, primero en un acelerador lineal y después en otro circular. Como si fuera un tiovio, los electrones alcanzan la energía máxima de 3.000 millones de electrovoltios a una velocidad próxima a la de la luz (99,99). A partir de ahí se introducen en un anillo de almacenamiento, un tubo circular de unos 270 metros de perímetro donde se mantienen dando vueltas de forma constante.


La estructura de la materia

La luz generada, con una intensidad de onda que va desde los infrarrojos a los rayos X, se deriva hacia las direntes estaciones de trabajo donde se realizan las investigaciones. Así pueden obtener imágenes «radiográficas» (de una milésima por una milésima de milímetro de sección) y observar, por ejemplo, cristales o fósiles de ese tamaño.

La instalación permitirá conocer en profundidad la estructura de la materia, como los cristales de proteínas y macromoléculas, líneas de trabajo, por ejemplo, del último Premio Nobel de Química, y avanzar en campos científicos muy variados. Así, se podrán ver las células en tres dimensiones, analizar las estructuras moleculares de un fósil, conocer la contaminación del suelo o del aire de una forma hasta ahora imposible, etc. También tendrá aplicaciones «sorprendentes y desconocidas» en el ámbito de la pintura y la industria cosmética.




El mundo se prepara para ver el Big Bang en directo


Mañana, 30 de marzo, a partir de las 8.30h (hora central europea), el LHC, conocido como la «máquina de Dios», realizará el primer intento de recrear las condiciones del Big Bang. Se trata de una colisión de haces de protones previamente acelerados hasta obtener una energía de 7 TeV, y podrá seguirse en directo a través de internet. Los científicos de la Organización Europea de Investigación Nuclear (CERN) han dispuesto cámaras en la sala de control del LHC, desde dónde se podrán ver los avances del experimento y las expresiones de los presentes cuando aparezcan los resultados. Será el arranque de dos años de experimentos que confirmarán la teoría sobre el origen de la materia y podrían provocar un cambio revolucionario en la Física.

Tan sólo faltan horas. Finalmente sabremos si el Large Hadron Collider (LHC) es capaz de recrear las condiciones existentes en el momento del Big Bang – la «gran explosión» que generó todo el Universo- o vuelve a ocurrir algo que lo deje fuera de juego durante varias semanas más. Como sea, el CERN ha decidido transmitir en directo los experimentos destinados a conseguir este objetivo, gracias a una serie de cámaras instaladas en el centro de control del acelerador de partículas más grande y potente jamás construido. El evento tendrá lugar el próximo 30 de marzo, y los científicos han fijado como hora tentativa para el comienzo de la transmisión las 8:30h de la mañana (hora central europea), aunque aclaran que debido a lo complejo de las operaciones implicadas en estos experimentos, dicho horario puede variar.

El CERN ha publicado una agenda con entradas para cada uno de los experimentos previstos -hay varios, y utilizando cada uno de los detectores instalados en el acelerador (ALICE, ATLAS, CMS y LHCb)- que reflejará los cambios de horarios en caso de que estos se produzcan. Debes apuntar tu navegador a esta dirección.


Cuestión de horas o días

Por el túnel circular de 27 kilómetros de largo que posee el LHC debajo de la frontera franco-suiza, comenzaron a circular en noviembre pasado las primeras partículas, luego de que el acelerador fuese cerrado en septiembre de 2008 debido a un calentamiento excesivo. Según el CERN, en este momento los haces dobles de partículas están girando por el acelerador con una energía de unos 3,5 TeV (tera-electrón-voltios), la más alta jamás lograda, y se acelerarán en los próximos días.

«El primer intento de colisiones a 7 TeV (3,5 TeV por haz) está prevista para el 30 de marzo», explica Rolf Heuer, el director general del CERN. «Puede tomar horas o incluso días obtener las colisiones buscadas». Según los científicos, las colisiones a 7 TeV pueden crear «mini Big Bangs», un hecho sin precedentes que miles de científicos analizarán concienzudamente durante los próximos años. «Sólo el trabajo de alinear correctamente los haces es un reto en sí mismo: es un poco como lanzar agujas de fuego a través del Atlántico y lograr que choquen a mitad de camino», dice Steve Myers, también del CERN. Una vez que comience el experimento, el acelerador se mantendrá funcionando de forma continua durante 18-24 meses, con una pausa técnica a finales de 2010.

Lo que pase mañana puede revolucionar el mundo de la Física. Así lo cree la catedrática de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Cantabria (UC), Teresa Rodrigo, la investigadora española a la que 180 institutos científicos de todo el mundo acaban de elegir para que coordine su trabajo durante los dos próximos años, a partir del 1 de enero de 2011, en uno de los instrumentos claves del LHC: el detector de partículas CMS. Esta máquina será uno de los ojos que registre lo que sucede en el LHC cuando choquen dos haces de protones acelerados casi a la velocidad de la luz. «Ha habido mucho trabajo intensivo estos días para que todo esté perfectamente y no haya fallos importantes. Es sólo el primer intento».





Ordenadores diez veces más rápidos gracias al grafeno


Este material de gran flexibilidad y resistencia sustituirá al silicio en los transistores responsables de la velocidad del procesamiento de datos.

Parte del futuro está compuesto de ordenadores tan espesos y flexibles como una hoja, listos para llevar doblados en un bolsillo, y extremadamente veloces. Un futuro que sigue pareciendo increíble, pero que es real y cada vez más cercano.

IBM acaba de anunciar la creación de un transistor capaz de funcionar a una velocidad de 100 GHz, lo que permitiría aumentar la velocidad de los ordenadores hasta diez veces, gracias al grafeno. Este nuevo material proveniente del grafito permitirá que los electrones se muevan dentro de los transistores (los interruptores eléctricos que permiten que pase la corriente y que determinan la velocidad de los procesos en función de la cantidad que dejan pasar) aumentado la transmisión desde los 100 km por segundo de los actuales de silicio hasta alcanzar los 1.000 km por segundo dentro del grafeno. Empresas como IBM están investigando este nuevo material ante la imposibilidad de reducir aún más los diminutos transistores de 35 nanometros de tamaño (un nanometro es el resultado de dividir un metro en 1.000 millones de partes).


Un gran descubrimiento

El grafeno proviene del grafito, el mismo material de las minas de los lápices, compuesto a su vez por muchas capas de átomos de carbono. El grafeno es una única de estas capas de átomos de carbono. Este material fue descubierto en la Universidad de Manchester en 2004, gracias a la sencilla participación de la cinta aislante. Haciendo presión con la cinta sobre el grafito y después sobre una superficie se consiguió aislar una capa de grafeno. Una manera un poco rústica que se intenta mejorar desde diversos centros de investigación con el fin de conseguir capas más uniformes.

El equipo de investigación dirigido por Tomás Palacios en el departamento de Ingeniería Electrónica e Informática del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) es el encargado de profundizar en las aplicaciones del grafeno: «El grafeno es muy delgado; tan sólo una capa atómica de espesor, lo que lo hace flexible, y es más resistente que el metal. Además es transparente, absorbe sólo el dos por ciento de luz, lo que permite hacer dispositivos electrónicos en ventanas, plásticos...», explica Palacios. Su grupo está interesado concretamente en mejorar la velocidad de la comunicación inalámbrica, por ejemplo para Internet o la telefonía móvil. Otro de los usos será de carácter médico. La variación en las propiedades del grafeno debido a la exposición a una gota de sangre podría determinar en cuestión de segundos el tipo de enfermedad que sufre la persona que acude a su médico de cabecera. «Al ser tan fino, es tremendamente sensible a lo que sucede en la superficie de la capa atómica», detalla Palacios. Otro posible uso, sobre el que se trabaja, es para desarrollar aparatos que detecten infrarrojos, lo cual ayudaría a esclarecer el estado de los productos perecederos como la carne o el pescado, ya que cuando se degradan emiten radiaciones infrarrojas. «Lo que primero saldrá al mercado, y sobre lo que muchas compañías están investigando, es probablemente baterías para coches eléctricos y la fabricación de paneles solares que abaraten costes», explica Palacios.

Antes de estas finas capas, se intentó utilizar nanotubos de carbono, una lámina de grafeno enrollado en forma de cilindro hueco, pero esta nueva fórmula evitará tener que controlar el diámetro del nanotubo, que cambia por completo las propiedades del grafeno.





La 'Mujer X': hallan restos de una nueva especie humana


Un equipo de investigadores ha encontrado una nueva especie humana que se extinguió hace miles de años. El análisis de un fragmento de un dedo meñique hallado en una cueva de Siberia indica que su portador vivió hace unos 40.000 años. Aunque compartió territorio y época con humanos modernos y neandertales, sus genes indican que no perteneció a ninguna de estas especies. Los investigadores responsables del estudio, publicado hoy en Nature, la han bautizado Woman X, Mujer X.

“Este nombre provisional indica que no sabemos realmente lo que es”, explica a Público Johannes Krause, investigador del Instituto Max Planck de Alemania y uno de los autores del estudio. El nombre ni siquiera indica que el fósil perteneciera a una mujer, sino que la parte de ADN analizada, la mitocondrial, la legan sólo las madres a sus hijos, añade.

“Quienquiera que llevase este ADN es una nueva criatura de la que hasta ahora desconocíamos su existencia”, explica Svante Pääbo, autor principal del estudio y uno de los mayores expertos del mundo en extraer y analizar material genético antiguo. Este investigador del Instituto Max Planck presentó en diciembre el genoma parcial del neandertal. Su trabajo actual supone un nuevo hito, ya que es la primera vez que se sugiere la existencia de una nueva especie humana a partir de su ADN y no de sus huesos.

“Es un estudio sorprendente”, señala Antonio Rosas, paleobiólogo del CSIC que ha estudiado los fósiles neandertales de Asturias que se usaron para secuenciar el genoma de la especie. “Este análisis genético es como una gran lupa para sacar mucha información de algo muy pequeño”, explica.

Sus descubridores se han cuidado mucho de decir que la Mujer X es una especie como tal, ya que hasta ahora sólo se ha hecho tal cosa basándose en suficientes huesos que lo prueben. Sí aseguran que el ADN del fósil tiene diferencias nunca vistas respecto al resto de especies humanas.

El pequeño fósil se halló en 2008 en Denisova, una cueva en los montes Altai de Rusia. Pertenecía, posiblemente, a un niño de unos cinco años, debido a su tamaño, según los investigadores.

Su ADN mitocondrial es único. Mientras los neandertales y los humanos modernos se diferenciaban en un 1,2% de su ADN mitocondrial, la Mujer X se diferencia de ambas especies en un 2,5%, el doble, explica Krause.

Los tres vivieron en estrecha proximidad. Otros yacimientos de la zona indican que, en un radio de 100 kilómetros y en la misma época, vivieron los neandertales y los humanos modernos. Incluso compartieron refugio, ya que en Denisova se han hallado brazaletes y otros ornamentos hechos por humanos modernos. “Es tentador pensar que en realidad son los útiles de esta nueva especie, pero no es muy probable”, señala Krause.

Los investigadores han comparado el genoma mitocondrial de la Mujer X con el de 54 humanos modernos, seis neandertales, un bonobo y un chimpancé. Usaron un nuevo método descrito por Pääbo en 2009 para diferenciar ADN antiguo de actual. “La posibilidad de contaminación de la muestra es de un 0,2%”, explica Krause.

Sus cálculos indican que el nuevo linaje se separó del de los humanos modernos y los neandertales hace un millón de años, 500.000 antes de que lo hicieran las otras dos especies. Este dato y el ADN descartan que la Mujer X fuera descendiente del Homo Erectus que abandonó África hace unos dos millones de años, antes de que aparecieran en ese continente los primeros humanos modernos. Según el estudio, el nuevo linaje se separó de los humanos modernos en África y después colonizó Eurasia durante una migración de la que hasta ahora no se tenía constancia.

Otra opción que el estudio no ha podido descartar es que se trate de una rareza dentro del Homo heidelbergensis. Sin embargo, estos ancestros de los neandertales se extinguieron hace unos 250.000 años, mucho antes de que desapareciera el linaje de la Mujer X.

“La importancia real de este estudio está por ver”, advierte Carles Lalueza, que también trabaja con restos neandertales de Asturias. La gran variación genética que parecen presentar estos restos podría deberse a que, en aquella época, pudo haber una mayor heterogeneidad genética dentro de una misma especie, argumenta.

El trabajo puede volver a despertar una polémica similar a la que ya causó el hobbit, otro miembro de la familia humana que vivió en la isla indonesia de Flores hasta hace alrededor de 13.000 años. Aunque un reducto de expertos sigue resistiéndose a aceptarlo, la mayoría ya reconoce a esta especie como miembro de la familia humana, comenta Rosas. Estos nuevos datos están desvelando una diversidad humana inusitada. “La evolución humana se hace cada vez más complicada y rica”, añade Rosas.

El experto advierte que el caso de la Mujer X tendrá que ser confirmado con más estudios. Una manera de hacerlo será encontrar más huesos. Tal vez nunca ocurra, ya que poca tierra queda en Denisova que no se haya trillado. “No tenemos muchas expectativas, pero no perdemos la esperanza”, señala Krause.

La otra forma de confirmar que la Mujer X es una nueva especie es mucho más asequible y revolucionaria. Se trata de analizar su genoma completo extraído del núcleo celular, algo que ya se está haciendo y que se publicará este año, comenta Krause. Esta secuencia de ADN, mucho más completa, podría desvelar además su sexo, el color de su pelo o si en algún momento se apareó con neandertales o humanos modernos en las montañas de Altai, comenta Krause. También aportará muchos más detalles sobre el mapa evolutivo humano ya que, en unos meses, el equipo de Pääbo, junto a Lalueza y otros expertos españoles, publicarán el genoma completo del neandertal.





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