27 sept. 2016

La NASA encuentra posibles géiseres gigantes en la luna Europa

El telescopio espacial Hubble ha detectado lo que podrían ser chorros de vapor de agua de hasta 200 kilómetros de altura emergiendo de la superficie de Europa, una de las lunas de Júpiter. Si se confirma el hallazgo, las futuras misiones a este satélite podrían tomar muestras del océano que se oculta bajo su gélida corteza de una forma sencilla. Europa es uno de los principales candidatos para encontrar vida fuera de la Tierra en nuestro sistema solar.

Posibles penachos gigantes de vapor de agua (píxeles en blanco) emanan al sur de la luna Europa. / NASA/ESA/W. Sparks (STScI)/USGS Astrogeology Science Center




Gracias a las observaciones del telescopio espacial Hubble, un equipo de astrónomos ha identificado posibles penachos de vapor de agua saliendo de la superficie de una de las lunas de Júpiter: Europa.

El potencial descubrimiento, publicado esta semana en el Astrophysical Journal, incrementa la posibilidad de que las futuras misiones espaciales a Europa puedan tomar muestras de su océano subterráneo sin necesidad de perforar a través de los kilómetros de hielo que constituyen la gélida corteza de la luna.

"El océano de Europa –con el doble de agua que los de la Tierra– está considerado uno de los lugares más prometedores que podrían albergar vida en el sistema solar", destaca Geoff Yoder, administrador del directorio de misiones científicas de la NASA. "Estas plumas, si verdaderamente existen, pueden proporcionar otra forma de obtener muestras del subsuelo de Europa".

Los científicos estiman que esta especie de géiseres gigantes alcanzan los 200 kilómetros de altura antes de, supuestamente, dispersar su material en forma de lluvia sobre la superficie de Europa.

El equipo descubridor, dirigido por William Sparks desde el Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial (EE UU), observó esas proyecciones en forma de dedo cuando visualizaban el borde de Europa mientras la luna pasaba por delante de Júpiter.

El objetivo original de la propuesta de observación del equipo era determinar si Europa disponía de una delgada atmósfera extendida o exosfera. Utilizando el mismo método que se utiliza para detectar las atmósferas de los planetas que orbitan otras estrellas, el equipo se dio cuenta de la presencia de las posibles salidas de vapor de agua desde la superficie de Europa.



A lo largo de diez observaciones espaciadas durante 15 meses, los investigadores observaron Europa pasando por delante de Júpiter y vieron lo que podrían ser plumas de agua en erupción en tres ocasiones.

En 2012, otro grupo dirigido por Lorenz Roth desde el Instituto de Investigación del Suroeste en San Antonio (EE UU), ya había detectado evidencias de vapor de agua emergiendo desde la región del polo sur de la gélida Europa y llegando a más de 160 kilómetros al espacio. Aunque ambos equipos utilizaron el espectrógrafo de imágenes del Hubble, cada uno usó un método diferente para llegar a la misma conclusión.

Géiseres que emanan de forma esporádica

Sin embargo, hasta el momento, los dos grupos no han detectado simultáneamente los gigantescos penachos de agua. Estas observaciones sugieren que las plumas pueden ser muy variables, lo que significa que pueden entrar en erupción de forma esporádica durante algún tiempo y luego apagarse.

Si se confirma este descubrimiento, Europa sería la segunda luna del sistema solar en albergar géiseres de vapor de agua. En 2005, la sonda Cassini las observó en Encelado, un satélite de Saturno.

Los científicos confían en que la potente visión infrarroja del telescopio espacial James Webb, que la NASA lanzará en 2018, podría confirmar la actividad de los penachos en Europa. La agencia espacial estadounidense también está formulando una misión a Europa para confirmar su presencia y, en su caso, analizarlos a corta distancia durante varios sobrevuelos.

Por su parte, la Agencia Espacial Europea (ESA) también planea enviar la misión JUICE en 2022 para estudiar con detalle Júpiter y sus gélidas lunas, incluida Europa, a la que a partir de 2030 se aproximará dos veces para medir por primera vez el grosor de su misteriosa corteza y explorar su potencial habitabilidad.

Fuente: SINC

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