El espacio está vibrando con un rango de ondas electromagnéticas que pueden convertirse en ondas de sonido y ser reproducidas con parlantes. Los resultados se escuchan como los efectos de sonido de iMovie, pero cuando consideras que estás escuchando el sonido de una sonda volando a través de una nube de polvo, o el rugido del campo magnético de Jupiter, el sonido se pone interesante. Escalofriante, incluso.
La NASA convirtió un montón de estos ruidos en una playlist de Halloween llamada "Spooky Space Sounds". Los ruidos habían sido capturados por varias sondas desde 1970 en adelante, e incluyen un rango de pulsos, rugidos, silbidos, y algún comentario ocasional del personal de la NASA. Muchos de los sonidos son decepcionantes, pero otros son bastante buenos, entonces nosotros recopilamos nuestros favoritos con algunos hechos divertidos.
La NASA anunció que su próxima misión a Marte, con la sonda Mars 2020, llevará un micrófono para que se grabe el paisaje sonoro del planeta.
Esta no será la primera vez que enviemos micrófonos al espacio: la misión a Marte de 1999, que terminó estrellándose, estaba equipado con uno, y el Phoenix Lander de 2008 también, aunque nunca se encendió por temores a fallas técnicas.
Los últimos resultados de la misión Juno de la NASA muestran que el campo gravitacional de Júpiter es oblicuo, con diferentes patrones en sus hemisferios norte y sur.
Físicos del CERN han conseguido por primera vez una medida de la antimateria que es más precisa que la de la materia y comprobado que el momento magnético de los protones y antiprotones es prácticamente idéntico: la antimateria es una imagen especular precisa de la materia.
Stefan Ulmer, uno de los artífices de la medida de antimateria, en un
momento del experimento. Foto: Maximilien Brice, Julien Ordan/CERN.
Un equipo de científicos de la Universidad de Surrey, en Guildford (Inglaterra), ha desarrollado unas nanopartículas inteligentes que se calientan a una temperatura lo suficientemente alta como para acabar con las células cancerosas, pero que a continuación se autorregulan para perder calor, de manera que no se calientan tanto como para dañar el tejido sano que rodea al tumor. Así, se mantienen a salvo las células sanas adyacentes, algo que no sucede con la quimioterapia tradicional, que provoca daños colaterales.
Estas partículas, que son de baja toxicidad para el organismo del
paciente, logran acabar con los tumores empleando calor y sin dañar a
las células sanas