27 mar 2009

"Quedan tantos agujeros negros que nunca me aburriré"



No es frecuente que alguien se pase la vida prácticamente al borde de un agujero negro, pero es el caso del astrofísico Luis Colina. Estudiar las condiciones en estas singularidades en la trama del espacio tiempo es su trabajo, para lo que utiliza los telescopios más modernos. Investigador del CSIC en el Instituto de Estructura de la Materia, no parece tener grandes caprichos cuando se trata de compartir un almuerzo. Se limita a sugerir restaurantes cercanos a su lugar de trabajo, en la madrileña calle de Serrano y, aunque califica positivamente los platos que ha elegido -ensalada de judías verdes, foie y setas, y chipirones-, no le importa dejar que la comida espere mientras explica lo que le atrae en el universo, tan lejano para tantos y tan cercano para él.





Los agujeros negros ya no son hipotéticos y exóticos objetos celestes, sino que se ha comprobado que son muy reales y numerosos en el universo, "en parte gracias al Hubble", recuerda Colina, quien estuvo seis años trabajando, en Estados Unidos, en el instituto científico de este histórico telescopio espacial. La primera referencia al Hubble, al que sigue teniendo cariño, surge ya durante el primer plato. Pero ahora está inmerso en la preparación de su sucesor, el James Webb, un proyecto conjunto de la NASA y la ESA.

Aunque la astrofísica no entra en los agujeros negros -se para en su borde u horizonte de sucesos- quedan tantos agujeros negros por estudiar y tantas cosas por saber de ellos que Colina bromea con que no se va a aburrir en muchos años. Estudia galaxias cercanas, como la M82, para ver en detalle lo que pasa alrededor de los agujeros negros que tienen en su centro, pero también galaxias muy lejanas, que es como viajar hacia atrás en el tiempo, a cuando el universo era muy joven. ¿Pero qué fue antes, el agujero negro o la galaxia que lo alberga? "Todavía no se sabe", reconoce el astrofísico, que no parece muy preocupado por tamaña incógnita mientras saborea sus chipirones. "Vemos que hay una relación muy directa, hay indicios de que se forman al mismo tiempo el agujero negro y las estrellas, pero no se sabe cuál es exactamente la relación causa efecto". Lo más curioso es que el agujero negro de cada galaxia masiva representa una fracción muy concreta de la masa total de la galaxia, "como si el agujero negro supiera dónde está y fuera como el corazón de un organismo que sabe cuánta sangre tiene que bombear", explica Colina.

Este madrileño del 59, que ha dado muchas vueltas por el mundo antes de recalar en Madrid, asegura que llegó a la astrofísica por vocación, ya que desde el bachillerato le interesaba.

Los astrónomos ya no suelen mirar el cielo, sino pantallas de ordenador con los resultados brutos de las observaciones que los operadores de los telescopios programan siguiendo sus instrucciones. Así se aprovecha mucho mejor el tiempo de observación. A cambio, no sólo se pierde el romanticismo sino que se plantea el problema de "cómo enseñar a los nuevos astrónomos sin tocar telescopio", comenta Colina. Sin embargo, todavía hay observatorios en España donde se puede observar a la vieja usanza, recuerda.

Termina la comida y ya sabemos que, además de los agujeros negros, hay otra cosa a la que no se puede resistir: el carrito de los postres.


WEB: http://www.elpais.com/articulo/ultima/Quedan/agujeros/negros/aburrire/elpepiult/20090325elpepiult_2/Tes

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