13 oct. 2011

Un algoritmo computacional aclara la autoría de los textos bíblicos


La tradición señala como único autor de los cinco primeros libros de la Biblia o Pentateuco al patriarca hebreo Moisés. Sin embargo, los estudiosos han afirmado que estos libros fueron redactados en realidad por diversas fuentes. Un nuevo algoritmo computacional desarrollado por investigadores de varias universidades de Israel y que posibilita el reconocimiento de indicios lingüísticos, como la preferencia por ciertas palabras o la diferencia en la elección de sinónimos, permitirá dividir estos textos en diferentes grupos de autoría posibles. Por Yaiza Martínez.


La Toráh es el nombre con el que se designan los cinco primeros libros de la Biblia o, para los cristianos, el Pentateuco.

Aunque en bibliografía cristiana suele denominarse ley mosaica, ley de Moisés o ley escrita de Moisés porque, según la tradición, el Pentateuco fue escrito sólo por Moisés, en el pasado los especialistas han proporcionado evidencias de que estos libros fueron en realidad obra de múltiples autores, al igual que otros libros de la Biblia hebrea y del Nuevo Testamento.

Sin embargo, hasta la fecha, establecer esta diversidad de fuentes había supuesto una laboriosa tarea. Ahora, nuevas investigaciones realizadas por expertos de la Escuela de Ciencias Computacionales Blavatnik, de la Universidad de Tel Aviv (TAU) en Israel, han dado lugar al desarrollo de un algoritmo que podría ayudar a desvelar dichas fuentes.

Buscando en las “palabras vacías”

Los desarrolladores de dicho algoritmo han sido el profesor de la TAU, Nachum Dershowitz, y sus colaboradores, el estudioso de la Biblia Idan Dershowitz, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y los especialistas Moshe Koppel y Navot Akiva, de la Universidad Bar-Ilan, publica American Friends Tel Aviv University en un comunicado.

Según los investigadores, el algoritmo computacional desarrollado reconoce indicios lingüísticos –como la preferencia por ciertas palabras o la diferencia en la elección de sinónimos- que permiten dividir los textos en diferentes grupos de autoría posibles.

Centrándose sólo en el estilo de la escritura, en lugar de en la materia o en el género, Dershowitz y sus colaboradores soslayaron diversos obstáculos metodológicos que entorpecían el estudio de estos textos: los análisis basados en el contenido entrañaban una potencial falta de objetividad, y la diversidad de géneros presentes en la Biblia (poesía, narrativa, leyes y parábolas) representaban múltiples complicaciones.

Dershowitz señala que el software creado busca y compara detalles que los estudiosos difícilmente detectarían, como la frecuencia en el uso de verbos auxiliares, preposiciones o conjunciones (las denominadas palabras vacías ).

Estos detalles tienen un efecto pequeño en el significado del texto, pero en su uso cada autor o fuente presenta un estilo propio que permite identificarlo.

Exactitud casi total

Para probar la validez de su método, los científicos mezclaron aleatoriamente pasajes de dos libros del Antiguo Testamento, el de Jeremías y el de Ezequiel, y le pidieron al ordenador que los separase.

Mediante la búsqueda y la categorización de los capítulos en función de las preferencias en el uso de sinónimos (palabras que tienen un significado similar o idéntico entre sí y pertenecen a la misma categoría gramatical), así como en la elección de palabras comunes, el programa informático fue capaz de separar ambos pasajes con una exactitud del 99%.

El software también pudo distinguir entre materiales “sacerdotales” (aquéllos referidos a temas religiosos, como los rituales) y materiales “no-sacerdotales”.

Aunque el algoritmo aún no está en un estadio lo suficientemente avanzado como para proporcionar un número probable de autores implicados en la escritura de cada uno de los libros de la Biblia, Dershowitz afirma que ya podría ayudar a identificar los puntos de transición en el interior de cada texto, es decir, el momento en que cambió el autor de cada uno de ellos.

Otros textos enigmáticos

El software desarrollado por el profesor Dershowitz y sus colaboradores se enmarcaría en un nuevo terreno de investigación bautizado como “humanidades digitales”.

Dentro de este sector, desarrollado para conocer mejor las fuentes históricas, ya se han creado otros programas informáticos destinados a ayudar a atribuir textos anónimos a autores conocidos, mediante el reconocimiento de su estilo, por ejemplo.

En el caso del estudio de La Biblia con estas nuevas herramientas, el desafío es mayor, dado que no existen trabajos atribuidos con los que comparar los textos bíblicos.

Por otro lado, los científicos creen que el algoritmo desarrollado para la Torá podría proporcionar información sobre otros textos enigmáticos, como los contenidos en numerosos tratados de origen desconocido y que han ido apareciendo a lo largo de la historia.

Las pruebas realizadas hasta ahora con el software han aparecido detalladas en Proceedings of the 49th Annual Meeting of the Association for Computational Linguistics.


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