21 mar. 2013

Se buscan voluntarios para limpiar la basura espacial


En poco más de medio siglo el espacio que rodea a la Tierra ha pasado de ser una frontera inalcanzable a un vertedero infame. Restos de cohetes, satélites viejos y miles de fragmentos que viajan 10 veces más rápido que la bala de un rifle de asalto componen una peligrosa nube de basura espacial.

Cada año, este vertedero con miles de toneladas se hace más grande y algunos expertos han advertido de que cada vez es más probable que haya un efecto cascada de basura chocando contra basura que podría dejar sin comunicaciones a miles de personas e incluso inhabilitar el uso de ciertas zonas de la órbita terrestre.


Preocupada por el problema, la Unión Europea acaba de proponer un nuevo programa para luchar contra la basura espacial. El objetivo es que los 27 se hagan cargo del problema y colaboren entre ellos para vigilar los miles de fragmentos de chatarra que amenazan los satélites de telecomunicaciones y observación de la Tierra.

Para fomentar esa colaboración, la Comisión Europea acaba de anunciar un plan de ayudas de 70 millones de euros hasta 2020. La propuesta establece un Programa de Apoyo para crear un Sistema de Vigilancia y Seguimento Espacial (SST) cuyos fondos servirán para establecer nuevos programas de colaboración que permitan, por ejemplo, alertar a una empresa o una agencia estatal de que su satélite va a ser alcanzado por una esquirla de basura que puede atravesar su fuselaje como si fuera mantequilla.

"El hecho de tener seguro en el coche no quita para que haya normas de tráfico, y en el espacio necesitamos esas normas de tráfico", explican a Materia fuentes de la Comisión Europea resumiendo el espíritu del nuevo plan de ayudas.

Las entidades que operan los satélites han sobrevivido hasta ahora esquivando la basura cuando es menester. Todos los satélites salen al espacio con combustible para unos 15 años, lo que les permite cambiar su órbita si es necesario. Cuando surge una alerta por colisión, el satélite o la nave enciende sus propulsores para esquivar la chatarra, algo que también hace con frecuencia la Estación Espacial Internacional, el único lugar del espacio habitado de forma continua.

Estas maniobras reducen la vida útil de los satélites, que cuestan más de 100 millones de euros. Según la Comisión, sólo las maniobras para esquivar chatarra generan unos gastos de 140 millones de euros cada año y ese coste ascenderá a 210 millones durante esta década debido al constante crecimiento del basurero espacial.

La mayoría de esos costes los asumen los dueños de los satélites, así que, ¿por qué deberían preocuparse los ciudadanos? El aumento de fragmentos de basura, controlados o no, aumenta el riesgo de perder satélites enteros, con la consiguiente pérdida de cobertura de comunicaciones o servicios meteorológicos públicos para los ciudadanos, argumentan en la Comisión.

De hecho el informe que se ha adjuntado a la propuesta del Ejecutivo comunitario baraja que, con la actual progresión de basura, habrá una colisión con fragmentos de basura de entre uno y 10 centímetros cada tres años. Es "probable" que esa colisión arruine el satélite en cuestión, añade el trabajo.

El GPS europeo en juego

En esto la incertidumbre es la peor compañera. En la actualidad hay unos 16.000 fragmentos de chatarra de más de 10 centímetros identificados y cuya ruta se sigue desde Tierra para evitar daños. Otra gran masa de entre 300.000 y 600.000 objetos de más de un centímetro (suficiente para arruinar un satélite) permanece sin identificar.

La iniciativa de la UE pretende proteger lo que es suyo. La prioridad es evitar daños a los satélites de dos grandes programas que están dando sus primeros pasos: Galileo y Copérnico. Tras estos dos nombres hay dos programas que costarán más de 8.000 millones de euros salidos de los bolsillos de los europeos. El primero proporcionará una nueva versión del GPS más precisa y gratuita a partir de 2014.

El segundo es un programa de satélites que vigilan el clima, los desastres naturales, la seguridad y el calentamiento global y que está mucho más expuesto que el anterior, pues sus satélites orbitan en la órbita baja de la Tierra, el anillo que llega hasta una altura de 2.000 kilómetros de la órbita terrestre y donde se concentra la mayor parte de la desechos espaciales. Hace apenas un mes la UE aprobó gastar 3,786 millones de euros en Copernico.

Desde el Ejecutivo de la UE son conscientes de que la situación actual de la economía en Europa no invita a dedicar grandes sumas a asuntos como este, pero piensan que esos 70 millones de euros pueden "crear incentivos, un marco para animar a los estados a cooperar".

España se juega mucho en esa decisión. Hasta el año pasado, el país había participado en programas de vigilancia del medio espacial de la Agencia Espacial Europea ganando importantes contratos para la industria española. Ahora el país ha retirado toda su inversión en este y otros programas voluntarios, lo que impide a las empresas del sector espacial español ganar más contratos.

Las nuevas ayudas de la UE pueden dar un mínimo respiro tras los recortes, según apuntan fuentes del sector. "Es muy importante que por primera vez haya un tramo del presupuesto de la UE dedicado a la basura espacial", señalan esas fuentes. "Es un salto cualitativo que ofrece opciones a la empresa española", añaden. El nuevo programa de ayudas debe ahora ser ratificado por los jefes de Gobierno de los 27 y por el Parlamento Europeo.

El delicado trato con los militares

Hoy por hoy, la Unión Europea depende de EEUU para la lucha contra la basura espacial. Es este país el que tiene una red de telescopios y radares suficiente como para hacer un seguimiento de los miles de fragmentos de chatarra que pueden arruinar los satélites. EEUU ofrece sus alertas a Gobiernos y empresas, en algunos casos cobrándolos, según fuentes de la UE. El objetivo de la Unión es dejar de depender de los radares de EEUU, muchos de ellos de origen militar.

En Europa y otros países de la UE ya existen radares militares o civiles capaces de seguir algunos objetos, como el GRAVES (Francia) o el TIRA (Alemania). Algunos de los radares militares manejan información delicada sobre satélites espías, lo que en ocasiones ha dificultado los pactos para establecer un sistema unificado y civil para vigilar la basura espacial.

Cada país de la UE se ha dedicado de forma individual a invertir en la construcción de aparatos de este tipo, algo totalmente voluntario. Países como Francia, Alemania, Reino Unido o España han emprendedio alguna inversión en este sentido. El objetivo del nuevo plan de ayudas de los 27 es seguir dando apoyos para que los países que quieran continuar puedan hacerlo.

Además, dicen en la Comisión, el nuevo presupuesto comunitario de I+D hasta 2020 contiene fondos para investigación espacial con los que financiar nuevos observatorios, "ya sean telescopios o componentes de radar". El objetivo ideal de la UE sería construir "seis o siete nuevos telescopios" repartidos por todo el globo para tener por fin sus propios ojos para vigilar el espacio.


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