14 oct 2009

Ingenieros canarios desarrollan un avión que vuela con energía solar.


¿Se subiría a un avión que funciona con energía solar? Posiblemente se lo pensaría dos veces o, directamente, saldría corriendo del aeropuerto aterrado por una catástrofe previsible, pero quizás la pregunta no resulte tan extravagante dentro de unos años.

El Instituto Tecnológico y de Energías Renovables de Tenerife (ITER) trabaja desde hace un año en el desarrollo de un avión solar para realizar observaciones científicas de la superficie terrestre o para prevenir o hacer el seguimiento de grandes incendios. De momento, no llevará tripulación ni pasajeros, pero los investigadores creen que en el futuro los vuelos comerciales incorporarán células solares para cubrir parte del trayecto.

El proyecto, en el que participan varios departamentos del ITER, ha sido financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y se desarrolla en colaboración con la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos de la Universidad Politécnica de Madrid. Ambos centros estudian la viabilidad de un avión de 20 metros de largo que volará a gran altitud -unos 30.000 metros- sin tripulación y sin utilizar combustibles fósiles, sólo la energía del Sol.

El avión es autónomo y puede permanecer mucho tiempo en el aire. Esto le permite ser utilizado como plataforma científica para observaciones terrestres, explica Manuel Cendagorta, investigador del ITER y director del proyecto. Se barajan múltiples usos: como observatorio permanente de la atmósfera y la superficie terrestre, sistema de comunicación de emergencia en caso de catástrofe, herramienta para el seguimiento científico de aves migratorias, la prevención de incendios o para mejorar la calidad y abaratar los costes de los sistemas de observación por satélite.


Vuelo automático
Para ello, el aparato está dotado de cámaras fotográficas, un sistema GPS y un procesador que permite que el vuelo se realice de manera automática siguiendo unas coordenadas previamente programadas, salvo en el aterrizaje, momento en el que el avión es controlado de manera manual por medio de un puesto de control.

La energía solar es la encargada de alimentar esta aeronave, cuyas alas están cubiertas de células solares que producen electricidad, almacenada en baterías de litio, de gran capacidad y poco peso. El avión tiene una carga útil de 10 kilos, limitación que ha obligado a los investigadores que trabajan en su diseño a crear equipos ligeros y «miniaturizados».

Además de este estudio de viabilidad, el Instituto Tecnológico y de Energías Renovable está construyendo un prototipo de 6,3 metros de largo que el centro ha puesto a prueba en tres ocasiones. La última comprobación iba realizarse «con un vuelo más largo» el pasado junio, mes con más horas de sol y poco viento, lo que facilita el aterrizaje y despegue de la aeronave, pero, según indica Cendagorta, se retrasó «por cuestiones técnicas».

Aunque el uso de este avión esta aún por definir, la tecnología desarrollada hasta ahora no permite, de momento, el uso de estos aviones para el transporte de pasajeros. Sin embargo, como explica Cendagorta, en el futuro sí será posible la aplicación de células solares como las empleadas en la construcción de esta aeronave para «cubrir una parte de las horas de vuelo de un avión comercial».








No hay comentarios:

Hemeroteca

Etiquetas