16 ene. 2012

El velero del hielo

Esta semana volverá a casa el equipo científico español que hace unos días llegaba a la base Amundsen-Scott en un trineo empujado por el viento. Basado en el catamarán polar –idea original de Ramón Larramendi–, este vehículo no contaminante recogerá las primeras muestras de hielo y nieve no adulterados por los combustibles del transporte.


Participas en una expedición, haces cientos de km (2.400), pasas frío, es decir, te hielas –vamos que te congelas–, no duermes casi durante 20 días, pasas varias tormentas y en algún momento sientes miedo, pero miedo de verdad... y todo con un objetivo: alcanzar el Polo Sur con un vehículo cero emisiones, cien por cien ecológico. Y cuando por fin llegas, resulta que hay varios Polos Sur. La vida es así». Son las palabras de Javier Selva, fotógrafo de la expedición Acciona Antartida; las únicas posibles para resumir esta aventura de veteranos, deportistas, científicos y amantes del medio ambiente y del riesgo a partes iguales que el día uno de enero, mientras en esta latitud la pereza era reina indiscutible de la mañana, llegaba al Polo Sur, al geográfico, tras un mes de viaje; la mayor parte sobre suelo helado.

El equipo formado por Ramón Larramendi, veterano explorador e inspirador del catamarán polar; Ignacio Oficialdegui, director del departamento de Evaluación de Recursos Energéticos de Acciona Energía; Javier Selva, responsable de comunicaciones y Juan Pablo Albar, bioquímico miembro del CSIC, recuerdan cien años después los pasos de Roald Amundsen y Robert F. Scott por la Antártida. Y a pesar de los intentos de otros intrépidos exploradores, protagonizan un nuevo hito: llegar con su expedición científica, la más rápida no mecanizada, hasta la zona más inexplorada del planeta en un vehículo no contaminante.

Con él han ido recogiendo muestras «incorruptas» hasta ahora impensables, ya que el transporte hasta las bases científicas suele ser en helicóptero u otras alternativas con combustible como los camiones rusos. A medida que avanzan –ahora les queda la vuelta– van sentando las bases de una posible y futura solución para moverse por el continente y suministrar víveres y material a las bases del Polo Sur. En total, la expedición ha recorrido 2.040 km –la jornada récord sin paradas hasta ahora ha sido de 310 km–, en muchos casos han estado sin dormir, ya que los turnos de navegación mínimos establecidos alcanzan las 20 h, han superando las dificultades climáticas, los vientos y los sastrugis «las irregularidades del terreno», explica Larramendi desde la base americana Amundsen-Scott.

El trineo es flexible, consta de una tienda de 3 m2, y lleva instaladas 12 cometas de cinco a 80 m2 para navegar en condiciones de viento de entre 6 y 60 km/h. Arrastra hasta una tonelada de equipo. La idea de este particular vehículo comenzó a gestarse hace diez años en la mente de Larramendi, un experto en travesías polares. Continuación de prototipos anteriores «se ha aumentado el tamaño de la tienda para ganar comodidad, hemos pasado de 600 kg a los 1.200 en este modelo y hasta 2014 se seguirá desarrollando para incorporar más instrumental», dice Larramendi. Ha soportado temperaturas de 35 bajo cero y vientos de 150km/h, tormentas e, incluso, la rotura de una de sus traviesas y sin duda, no deja indiferente contra el blanco perfil de la Antártida: «La reacción cuando nos vieron llegar a la base fue de sorpresa por ver al equipo de esta manera y la valoración ha sido muy positiva», explica Larramendi.

Hielo sin contaminar

Estaba previsto que durante el viaje se recogieran muestras tanto de la nieve como del aire para su posterior análisis en España. Hasta el departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid, viajarán los primeros fragmentos de hielo. «Son cantidades pequeñas, un litro de nieve cada 750 km, aunque depende de las condiciones de viento, que aquí es constante aunque no fuerte», explica Antonio Quesada, investigador principal del proyecto. La idea de su equipo es verificar la existencia de organismos aeronavegantes y, en caso de encontrarlos –algo que no parece nada claro según Quesada– saber si siguen las corrientes del viento. De esta manera se podrá, en un siguiente paso, constatar si el cambio climático está afectando a dichas corrientes. Esta primera expedición tiene el valor de comprobar el prototipo y verificar a la luz de la recogida «la buena perspectiva que tiene este vehículo para conseguir muestreos completamente limpios», afirma Quesada.


El grupo de investigación de Cambio Global y Biogeoquímica que dirige Jordi Dachs del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IDAEA-CSIC) busca la presencia de compuestos orgánicos persistentes (conocidos como POP): «Existen ya evidencias de que el cambio climático está poniendo en circulación aquellos contaminantes que se acumularon en la nieve en épocas pasadas. Aparte de ver la respuesta del muestreador en las condiciones más adversas del planeta, podremos obtener datos que nunca antes fueron medidos, de ahí la importancia del catamarán polar como futura herramienta de investigación en este lugar inaccesible», explica Ana Cabrerizo, miembro del grupo.

Pinturas, aislantes sintetizados antes de 1929, pesticidas clorados como DDT (usados primero para combatir la malaria), dioxinas, furanos... la mayoría de los POP están prohibidos pero, como son estables, persisten décadas en el medio ambiente. Son tóxicas incluso en pequeña escala; pueden producir cáncer y alteraciones en el sistema endocrino, inmunitario o nervioso. La recogida de muestras se realiza a través de un dispositivo creado por el equipo cada cinco días. Gracias a un medidor de velocidad de viento y otros aparatos como el GPS, se conoce exactamente el volumen y el lugar de las muestras.

Por último, el Laboratoire de Glaciologie et Géophysique de l’Environnent de Grenoble (CNRS, Université Joseph Fourier) recogerá hielo y nieve (dos muestras de 50 ml) cada 50 km para determinar la composición isotópica del «plateau» antártico, si la nieve ha sido arrastrada por los vientos o se ha depositado y en qué periodo.

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