15 nov. 2011

La primera vez que España se puso en órbita


15 de noviembre de 1974. Hoy, hace 37 años. España ponía un satélite en órbita por primera vez, un hito de la industria aeroespacial patria al que los periódicos de la época dedicaron páginas enteras. No era para menos. Un país en el que «inventaban otros» conseguía poner un cacharro en el espacio. Se trataba de un artefacto de investigación científica de unos 20 kilos de peso y el tamaño de un horno destinado a estudiar la ionosfera. Fue lanzado a bordo de un cohete Delta desde las instalaciones de la NASA en Florida.

Desarrollado por el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), el valor del Intasat radicaba más en su construcción que en el experimento que llevaba encima. Diecisiete años después de la puesta en órbita del primer Sputnik, el lanzamiento de un nuevo satélite no era una novedad, especialmente después de los viajes espaciales que habían llevado al hombre hasta la superficie lunar, pero la tecnología espacial suponía un grado de capacitación científica y técnica considerable. Hasta el momento solo diez países en el mundo habían construido satélites artificiales. «El proyecto Intasat convertirá a España en el undécimo miembro de ese reducido club», recogía el ABC de la época.

España intentaba con su primer satélite desarrollar la tecnología necesaria para conseguir cierta autonomía en materia espacial y de telecomunicaciones. El objetivo científico del satélite era medir el contenido de electrones en la ionosfera a partir del efecto Faraday. Para ello, iba equipado con un faro ionosférico. Su esperanza de vida era de dos años, tiempo después del cual se desconectaría automáticamente y quedaría mudo para siempre, convertido en basura espacial.

Los que vinieron después

Acostumbrados a las maravillas espaciales de nuestra época -la NASA está a punto de enviar a Marte un tercer rover con tecnología española-, quizás Intasat no nos parezca muy ambicioso, pero supuso un primer paso importante para España. Un año más tarde, nuestro país se convirtió en socio fundador de la Agencia Espacial Europea (ESA) y comenzó a desarrollar su propia industria espacial. No fue hasta 1995 que la Universidad Politécnica de Madrid fabricó el primer satélite íntegramente español, el UPM-Sat, que fue seguido del lanzamiento en 1997 del Minisat, que cumplió hasta 2002 una función científica.

El 29 de julio de 2009, desde Baikonur, Ucrania, se lanzó un cohete Dnepr que llevaba entre su carga el Deimos-1 o Spain-DMC 1, satélite privado de la empresa del astronauta Pedro Duque que captura imágenes de la superficie terrestre para distintas tareas, entre ellas las acciones en casos de desastres naturales.

A principios del próximo año, la Universidad de Vigo lanzará desde la Guayana Francesa su nanosatélite «XaTcobeo» para estudiar las radiaciones alrededor de la Tierra. Apenas pesa un kilo, mucho menos que el primer pionero español en el espacio.

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