19 de nov. de 2009

El capitán del plástico


En 1947, el explorador noruego Thor Heyerdahl fletó el 'Kon-Tiki' para tender un puente imaginario entre Suramérica y la Polinesia. En el 2009, el aventurero y ecologista David de Rothschild surcará las aguas del Pacífico en el 'Plastiki' para mostrar al mundo la íntima conexión entre los 260 millones de toneladas de plástico que se producen todos los años y la destrucción de los océanos.

Fabricado con plástico reciclado, el catamarán 'Plastiki' zarpará rumbo a la mítica 'isla basura': ese mar de desechos que se extienden como sargazos en una superficie mayor que la de España, entre Hawai y la costa californiana.

Pocos daban crédito a la expedición de David de Rothschild, la oveja 'verde' de la famosa familia de banqueros. Pero el joven y barbudo explorador de 31 años ha emergido esta semana sobre el casco de su barco en el muelle 31 de San Francisco, presto a mostrar al mundo que todo está listo para la aventura que arrancará en diciembre y culminará tres meses después en Sydney, al cabo de 11.000 millas.

El científico Charles Moore, que lleva una década estudiando la acumulación de basura en el Pacífico Norte, ya le ha advertido de los riesgos: "Se trata de una ciénaga de plástico flotante: es muy difícil avanzar y puedes quedar peligrosamente atrapado".

Pero David de Rothschild no le tiene miedo a lo desconocido. Desde que fundó Adventure Ecology en el 2005, con la misión de fundir aventura y activismo, su brújula sigue a todas las horas el dictado de su instinto. "La verdad es que estoy más excitado que asustado", declara al USA Today, mientras ultima los preparativos de su singular periplo.

"La gente lee la historia del hijo ecologista de la familia de banqueros europeos y fácilmente piensa: seguro que aquí hay truco. Pero me asustan las críticas. Nuestra cultura se ha disociado lentamente de la naturaleza, y ese modelo nos ha fallado. Debemos replantearnos el modo en que vivimos".


De niño prodigio a explorador 'verde'

De Rothschild iba para niño prodigio de la equitación; a los 14 años ingresó en el equipo júnior británico. A su paso por Oxford estudió Ciencias Políticas, aunque su curiosidad se expandió luego a la Naturopatía. A los 27 años decidió desmarcarse claramente del tronco original de la ilustre familia y lanzarse a la exploración de las zonas más remotas y frágiles del planeta.

Su primera gran odisea fue en la Antártida, y de ahí a la travesía del Artico en 100 días, para demostrar los efectos del cambio climático. En el 2007 viajó con una iconoclasta expedición de artistas a Ecuador con la intención de denunciar el daño causado por las explotaciones petrolíferas a los bosques y a las culturas indígenas.

Volvió a la militancia del cambio climático con un libro –"Manual de Supervivencia del Calentamiento Global"- pero pronto sintió la necesidad de pasar de nuevo a la acción contundente y provocativa: "Es difícil emocionar a la gente con el dióxido de carbono. Un día se me fundió una bombilla y pensé: hay que trabajar en los desechos".

La idea de hacer visible la legendaria e inabarcable 'isla basura' llevaba tiempo rondándole la mente. Para dar aún más sentido a la expedición, decidió construir un barco con botellas de plástico recicladas. El catamarán se moverá impulsado casi exclusivamente por el viento, aunque cuenta con paneles solares de apoyo y una bicicleta fija para añadir "poder humano".

Como Heyerdahl en el Kon-Tiki, el capitán Rothschild estará arropado por cinco tripulantes, protegidos de las inclemencias por una pequeña cápsula con forma geodésica, preparada para la captación de agua de lluvia y con provisiones para tres semanas (más lo que vayan pescando). Piensan mantener un diario de bitácora en internet y confían en sobrevivir a las tempestades y tocar las costas australianas a modo de gigante botella de plástico, con mensaje incluido: "Cuidemos nuestro planeta".




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