18 may. 2011

La muerte en la hoguera de Miguel Servet impulsó la libertad de conciencia


Cuando se cumplen los 500 años del nacimiento de Miguel Servet, Daniel Moreno Moreno ha publicado un trabajo de en la revista PENSAMIENTO sobre su figura. Aunque parte de la fama posterior de Servet se debe a su trabajo sobre la circulación pulmonar descrita en su obra Christianismi Restitutio, el científico y teólogo del siglo XVI también buscó un nuevo lenguaje teológico. Tal vez por eso, fue repudiado tanto por los católicos como por los protestantes. Finalmente, Servet fue arrestado en Ginebra, sometido a juicio y condenado a morir en la hoguera por orden del Consejo de la ciudad. Para el estudioso Marian Hillar, la ejecución del erudito español serviría para que la libertad de conciencia se convirtiera en un derecho civil en la sociedad moderna. Por Leandro Sequeiros.

La teología tiene un cometido difícil: expresar con un lenguaje humano conceptos que pertenecen a otro nivel de conocimiento y experiencia. Tal vez, uno de los problemas de la reflexión y sistematización histórica sobre el hecho religioso es la imperfección del lenguaje humano para expresar conceptos abstractos. Todo lenguaje es metáfora de realidades inasibles.


Desde el inicio de la teología cristiana, los estudiosos tuvieron que recurrir a conceptos filosóficos para intentar formular y expresar los contenidos de la fe. La filosofía griega fue de gran ayuda para este cometido. Pero ya en el siglo XVI, Miguel Server quiso purificar las expresiones teológicas desposeyéndolas de lenguaje griego. Tal vez sea esta la aportación del experto David Moreno Moreno.

En un brillante estudio publicado en la revista PENSAMIENTO [(2010, número 249): Dos complementos al sistema teológico del joven Servet: Cristología y Soteriología] recupera a Servet. Parte del estudio de la profesora brasileña Elaine Cristine Sartorelli, que en la ponencia presentada en el Internacional Servetus Congress “Miguel Servet con todo el corazón” (celebrado en Barcelona entre los días 20 y 22 de octubre de 2006) titulada “Estrategias de construcción y legitimación del ethos de un abogado del verdadero cristianismo en Restitutio de Miguel Servet”, propuso una línea original de acercamiento a los textos servetianos: estudiar los recursos retóricos utilizados por Servet para persuadir al lector de que él, Servet, es el portador de una revelación, de modo que ha de mezclar en su argumentación lógica ciertas referencias a sí mismo que constituyen una auténtica autobiografía intelectual.


Y siendo cierto que Servet pudo inspirarse en los ejemplos de san Pablo o de san Agustín, hay algo nuevo en el tono de sus propias confesiones: el descubrimiento de la subjetividad propio de la Modernidad. Servet escribe en primera persona, con el corazón en la mano, sin artificios retóricos. “La estética del texto cristiano depende, por tanto, de la ética del predicador”, escribe Elaine Sartorelli, quien aclara que la utilización de tales recursos retóricos no pone en cuestión la sinceridad de Servet: “quiero aclarar antes de nada que no hay ninguna connotación negativa en el empleo del vocablo •retórica” en mi texto, pues lo empleo en el sentido de que si ningún discurso es gratuito, aún lo es menos aquel que se presenta como portador de la Verdad”-concluye.

Desde este marco interpretativo, el estudio de Daniel Moreno Moreno (profesor en el IES Miguel Servet de Zaragoza) en la revista Pensamiento, pretende reinterpretar el libro de Miguel Servet Dialogorum de Trinitate libri duo. De iustitia regni Christi, capitula quattor (de 1532). Tiene entonces su autor 21 años. Este estudio completa su estudio anterior "Sobre la verdadera solución de Miguel Servet al misterio de la Trinidad" (publicado en 2008), dedicado a analizar el De Trinitate erroribus libri septem de Servet (publicado en 1531).

1. La juventud intensa de Miguel Servet

Servet fue ajusticiado en Ginebra cuando contaba 42 años. Pero los 25 primeros años de su vida tuvieron una densidad trepidante. Miguel Servet, llamado también Miguel de Villanueva, Michel de Villeneuve o, en latín, Michael Servetus (su nombre auténtico era Miguel Serveto y Conesa, alias «Revés»), nació según casi todos los autores en Villanueva de Sigena, provincia de Huesca, el 29 de septiembre de 1511. Y falleció en la hoguera en Ginebra, el 27 de octubre de 1553.

Dos facetas de su personalidad son las más destacadas: las de teólogo y científico. Los intereses intelectuales y apasionados de Servet abarcaron muchas ciencias: astronomía, meteorología, geografía, jurisprudencia, teología y el estudio de la Biblia, matemáticas, anatomía y medicina. Parte de su fama posterior se debe a su trabajo sobre la circulación pulmonar descrita en su obra Christianismi Restitutio. Participó en la Reforma Protestante y desarrolló una cristología contraria a la Trinidad. Repudiado tanto por los católicos como por los protestantes fue arrestado en Ginebra, sometido a juicio y condenado a morir en la hoguera por orden del Consejo de la ciudad, cuando en ella predominaba la influencia de Juan Calvino.

Fue hijo de Antón Serveto, noble infanzón y notario del Monasterio de Sigena, y de Catalina Conesa, que por línea materna descendía de la familia judeoconversa de los Zaporta. Tenía dos hermanos menores: Pedro, quien continuó con la notaría paterna, y Juan, que fue ordenado sacerdote.

Joven con dotes sobresalientes para las letras y gran conocedor del latín, griego y hebreo, Miguel abandonó su población de origen para ampliar estudios, quizá en el castillo de Montearagón. Es aceptado como pupilo por fray Juan de Quintana, quien llegaría a ser confesor de Carlos I. Tras una estancia en Tolosa (Francia) para realizar estudios de Derecho, donde entra por primera vez en contacto con círculos próximos a la Reforma, viaja con Quintana por Italia y Alemania como parte del séquito imperial y presencia la coronación de Carlos V como emperador en Bolonia (1530).

Primeras obras teológicas

Posteriormente, Servet abandona a su mentor e inicia un periplo por varias ciudades de Centroeuropa afines al naciente protestantismo. Establece una relación cada vez más difícil y polémica con algunos líderes reformadores, como Ecolampadio de Basilea, y se dirige más tarde a Estrasburgo, donde se relaciona con Bucer, y a Hagenau (ciudad alsaciana entonces perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico).

En 1531, con 20 años, publica De Trinitatis Erroribus libri septem (Sobre los errores acerca de la Trinidad en siete libros), que produjo gran escándalo entre los reformadores alemanes. Tampoco fue bien acogido en su patria, ya que Servet tuvo la osadía de enviar una copia al obispo de Zaragoza, quien no tardó en solicitar la intervención de la Inquisición.

El año siguiente, 1532, publicó Dialogorum de Trinitate (Diálogos sobre la Trinidad), acompañado de una obra suplementaria, De Iustitia Regni Christi (Sobre la Justicia del Reino de Dios). Otro opúsculo atribuido a Servet, aunque de datación imprecisa, es Declarationis Iesu Christi Filii Dei (Declaración de Jesucristo Hijo de Dios), también conocido como «Manuscrito de Stuttgart».

Según el profesor Daniel Moreno, uno de los textos de Servet que gana en intensidad leído desde la perspectiva de Elaine Sartorelli, es el comienzo de la segunda obra publicada por Servet en 1532, Dialogorum de Trinitate, y su obra suplementaria, De Iustitia Regni Christi. De ello se trata más adelante. Pero conviene ahora presentar la panorámica vital de Servet.

Tiempo de ocultación y de conflictos

Después de abandonar a fray Juan de Quintana, su mentor, Miguel Servet se dirige París, donde un encuentro previsto, pero finalmente no efectuado, con Calvino se transforma en el inicio de una relación epistolar entre ambos. Servet llega luego a Lyon con una nueva identidad, Michel de Villeneuve, personaje supuestamente originario de Tudela de Navarra, para evitar las persecuciones de la Inquisición española.

Estuvo empleado en una imprenta, primero como corrector de pruebas. En 1535 le encargaron la publicación y anotación de la Geografía de Claudio Tolomeo, lo que llevó a cabo dando pruebas de su gran erudición. En Lyon fue la etapa más feliz de su vida. Conoció al médico Symphorien Champier, quien le anima a estudiar Medicina y fue a París.

En 1537 se matricula en la Universidad de París para estudiar Medicina. Allí estudia junto a los grandes médicos de la época, y dado su saber probado, termina enseñando Matemáticas y Medicina en la Universidad. Sin embargo, pronto se encuentra en dificultades, puesto que dicta un curso de Astrología, en el que defendía la influencia de las estrellas en los eventos futuros (astrología judiciaria), lo cual, junto con un opúsculo en el que describe el uso de jarabes para administrar los remedios de la época, le enfrenta con la comunidad universitaria.

Deja de nuevo París y reside en diversas localidades de Francia, hasta que en Lyon se encuentra con el arzobispo de Vienne del Delfinado, Pedro Palmier, al que había conocido previamente en París. De esta forma entra a su servicio como médico personal en 1541.


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